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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 589

El rostro de Orlando se puso aún más pálido, y su expresión denotaba un pánico absoluto.

—Yo... yo...

La voz de Gisela sonó cortante, sin pizca de compasión.

—¿Sabes lo que implica lo que hiciste? En Códice Avanzado tenemos un equipo legal muy preparado. No solo vas a tener que pagar, también podrías terminar en la cárcel.

—¡No! —Orlando levantó la cabeza, los ojos abiertos de par en par—. Señorita Gisela, tengo mis razones, no fue mi intención.

Gisela asintió con indiferencia.

—A ver, cuéntame, ¿qué razones tienes?

Orlando se aferró a esa pregunta como si fuera su última tabla de salvación. La desesperación se le notaba en la voz.

—Señorita Gisela, en mi familia hay una enfermedad hereditaria. Mi papá y mi abuelo tienen cáncer de estómago. Los gastos médicos son muchísimos, ya no puedo con ellos. En casa ya vendieron el carro y la casa, estamos en ceros, de verdad... Por eso acepté lo que me pidió Hernán, por eso le ayudé.

—Yo no lo hice por maldad... de verdad, no fue mi intención.

Los ojos de Orlando se llenaron de lágrimas. Dio varios pasos hacia Gisela, y parecía que en cualquier momento iba a tirarse a sus pies.

—Señorita Gisela, sé que estuve mal, pero, ¿podría no denunciarme? Solo yo puedo trabajar en mi casa, si me meten preso nadie podrá mantenerlos. Si me mete a la cárcel, mi abuelo y mi papá no tienen salvación.

—Se lo ruego, señorita Gisela, por favor, no me denuncie. Ya entendí mi error, se lo suplico.

Orlando terminó por arrodillarse. De sus mejillas flacas rodaron varias lágrimas, su piel parecía aún más pálida, y todo su cuerpo temblaba.

Gisela lo miró impasible.

—¿Y a mí qué me importa lo que pase en tu familia? Tú dañaste a la empresa. Si te denuncio, es porque le tengo que responder a la compañía.

La voz de Orlando se volvió un grito desesperado, con la cara desencajada.

—¡No, no, señorita Gisela! Se lo ruego, trabajo gratis para usted, pero no me denuncie, por favor.

Gisela apartó la mirada, mostrando su fastidio.

Orlando siguió suplicando, las lágrimas le corrían sin parar, la desesperación casi le hacía perder la voz.

Capítulo 589 1

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