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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 588

Gisela dejó el tenedor sobre la mesa, se limpió la comisura de los labios con una servilleta y, sin prisa, se acercó al escritorio.

Xavier giró la pantalla de la computadora hacia ella.

—Mira, Orlando acaba de enviar el código de Coneja Rosita a esta dirección IP hace menos de un minuto. Ya verifiqué y esa IP corresponde a Hernán.

Tecleó unas cuantas veces más y continuó:

—No solo fue el código de Coneja Rosita, también mandó los diseños del equipo de arte y la estructura básica del lanzamiento del juego. —Hizo una pausa, su voz cargada de ironía—. O sea, ¿quieren clonar Coneja Rosita o qué?

—De plano, no pueden esperar ni un segundo —reviró Gisela, cruzándose de brazos.

En cuanto supieron que Gisela planeaba cancelar el proyecto de Coneja Rosita, no perdieron el tiempo y de inmediato quisieron arrancar con su propio juego.

—¿Dónde está Hernán ahora? —preguntó Gisela, su mirada fija en la pantalla.

—La policía aún sigue investigando el asunto entre Hernán y Jimena. Por ahora, él sigue aquí, en la sucursal. —Xavier le lanzó una mirada significativa—. Se la ha pasado de fiesta en fiesta, visitando todos los antros de la ciudad.

El destino, siempre tan irónico: el hijo no reconocido de Hernán, Ulises, era nada menos que el gerente general de esa misma sucursal.

Gisela dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Ulises se esforzó tanto por tomar el control de la sucursal y ahora que llega Hernán, seguro ya no puede ni dormir tranquilo.

Después de ese comentario, se incorporó y le dio una palmada en el hombro a Xavier.

—Buen trabajo. Ahora, tráeme a Orlando.

Delia ya había investigado a Orlando antes.

Orlando venía de una familia común y corriente. Estudió con empeño, logró entrar a una de las mejores universidades, egresó y fue contratado por Códice Avanzado, donde trabajaba recibiendo un sueldo modesto. No tenía carro ni casa propia, era uno más entre los miles de empleados que viajaban todos los días en el transporte público de Ciudad de los Vientos.

Nada, absolutamente nada, sobresalía en su vida.

¿Cómo fue que Gisela y Delia comenzaron a sospechar de él?

Todo empezó cuando, días antes del lanzamiento de un nuevo contenido para uno de los juegos de la compañía, varios diseños exclusivos se filtraron en internet sin previo aviso.

La investigación interna llevó, paso a paso, hasta Orlando.

Al principio, Delia quería demandarlo por filtrar secretos comerciales, pero Gisela la detuvo.

Habían descubierto en la cuenta bancaria de Orlando varios depósitos importantes provenientes del extranjero.

Intentaron rastrear el origen de esas transferencias en varias ocasiones, pero nunca lograron identificar al remitente.

—No sé de qué están hablando —logró decir, pero su voz lo delataba.

La mirada de Gisela, tan serena como un lago en calma, no mostraba ni compasión ni enojo.

—Ya tengo pruebas. No sirve de nada hacerte el desentendido. Lo que hiciste es delito. Puedo acusarte de filtrar secretos de la empresa en cualquier momento.

—Recuerda cuánto tuvo que pagar el último empleado que filtró información —añadió, implacable—. Piensa bien si lo que te pagó Hernán te alcanza para cubrir ese daño.

Orlando, tembloroso, apenas pudo articular palabra:

—¿Qué es exactamente lo que saben?

Xavier cortó el aire como un látigo.

—Hoy por la mañana apenas anunciamos que se cancelaba el proyecto de Coneja Rosita, y tú ya habías enviado todos los archivos: código, arte, la arquitectura del juego, todo.

Orlando apretó los puños, su cara perdió el poco color que le quedaba.

—¿Desde cuándo lo saben?

—¿Eso importa ahora? —respondió Gisela, su voz inquebrantable.

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