Entrar Via

Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 603

El semblante de Hernán cambió de inmediato.

—¿Quién fue el que me denunció?

En cuanto las palabras salieron de su boca, se dio cuenta de algo y, en un giro brusco, clavó la mirada en Ulises y Gisela, que estaban a un costado.

—¡Fueron ustedes!

Gisela soltó una risa tranquila.

—Por eso le dije, señor Hernán, se lo advertí desde hace rato, pero no quiso escucharme. Tenía que esperar a que viniera la gente de la oficina de auditoría para reaccionar.

Hernán apretó los dientes, furioso.

—Ulises, ¿tú también te metiste en este relajo con ella?

Ulises, con el rostro impasible, respondió:

—Tú me orillaste a esto.

Hernán, encendido de rabia, retrocedió varios pasos.

—No me importa quiénes sean, ¡lárguense de aquí ahora mismo! ¿Quién es su jefe? Quiero hablar con él.

La mujer de la auditoría dio un paso al frente, su tono era seco:

—Hernán, le pedimos que coopere con la investigación. Si se niega, vamos a llamar a la policía para arrestarlo por obstrucción de la autoridad.

—No pierda el tiempo con él —intervino Ulises, regresando a la sala de juntas. Tomó un paquete grueso de documentos y se los entregó a la mujer—. Aquí tengo todo lo que he recopilado estos años. Revisen bien, todo el personal de finanzas está dispuesto a colaborar.

Hernán apretó la mandíbula, mirándolo con odio.

—Vaya, ¿cuánto tiempo llevas planeando esto? Y yo ni cuenta me di.

Gisela sonrió.

—No es solo eso, señor Hernán. ¿Ya olvidó que metió a un espía en Códice Avanzado?

El rostro de Hernán se endureció.

—¿Espía? No sé de qué hablas.

Gisela se encogió de hombros, con una sonrisa tranquila.

—Orlando, acércate.

Apenas mencionó el nombre, la expresión de Hernán cambió varias veces.

La mujer asintió, como si acabara de recordar algo.

—Cierto, casi lo olvido —dijo, mirando a Gisela—. ¿Fuiste tú quien denunció a Hernán por robar información de la empresa?

...

Pedro Nieves apenas había terminado de lidiar con el caso del conductor borracho la noche anterior, y apenas iba saliendo de la estación de policía.

Miró la hora. Seguramente Katia Nieves, su hija, seguía dormida.

Pensar en su hija siempre le suavizaba el ánimo.

Sacó su celular para revisar las cámaras de seguridad de la casa, pero justo en ese momento entró una llamada.

Era Hernán.

Pedro frunció el ceño, no le agradaba la idea de contestar, pero igual respondió.

—¿Bueno?

—Pedro, ¿eres tú? Me dijeron que ya regresaste al país, ¿dónde estás ahora? —la voz de Hernán sonaba desesperada.

La molestia de Pedro se reflejó en su voz, que salió seca.

—Sí, ya regresé. Estoy en Ciudad de los Vientos.

La voz de Hernán se alzó, casi gritando.

—¡Perfecto! Entonces ven de inmediato. Necesito que vengas a ayudarme.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza