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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 604

Pedro subió al carro, y en el retrovisor se reflejaban sus cejas marcadas y una mirada tan profunda como distante.

—¿Qué pasa? —preguntó, sin mostrar emoción.

Hernán respondió con los dientes apretados, la rabia vibrando en su voz.

—¡Alguien me denunció! Ya vinieron los de la oficina de control a investigarme. Yo sé que tienes conocidos ahí, haz que se larguen de una vez.

Pedro cerró los ojos. Toda su expresión irradiaba molestias reprimidas.

La voz cada vez más desesperada de Hernán solo le provocaba más rechazo.

—¿De qué te acusan?

Hernán guardó silencio por un momento antes de contestar con un tono todavía más agudo.

—Dicen que desvié fondos, que me robé dinero de la empresa o algo así. ¡Muévete, en serio! Si no, va a ser demasiado tarde.

No quiero ayudarlo.

Eso pensó Pedro, con el rostro impasible.

Pero no tenía opción.

Antes de que pudiera decir nada, Hernán se adelantó.

—No se te olvide quién ayudó a tu madre a salir del país. Sin mí, tú ni existirías. ¿Ya se te olvidó que tu madre dijo que me debía un favor? Más te vale ayudarme.

Pedro sentía que la irritación le llenaba el pecho, como una nube densa que no se disipaba.

Apretó la mandíbula y preguntó, tratando de no perder la paciencia.

—¿Quién te denunció?

Hernán soltó un gruñido bajo.

—¿Quién más podría ser? ¡Ulises, por supuesto!

Pedro no tenía ningún apego por su hermano de madre. Ni siquiera le importaba.

Hacer que la oficina de control detuviera la investigación no le resultaba difícil.

Estaba a punto de aceptar, pero entonces escuchó a Hernán agregar:

—Y también una tal Gisela. ¡Maldita sea! Algún día la voy a destrozar, esa mujer nomás se la pasa jodiéndome.

Pedro abrió los ojos de golpe.

—¿A quién dices?

—Gisela, la dueña de Códice Avanzado. ¿Te suena el nombre?

Gisela.

Pedro repitió mentalmente ese nombre, como si lo saboreara.

Levantó el celular y sus ojos se deslizaron hacia la consola central del carro. Allí estaba una tarjeta de presentación que Katia había dejado. El nombre que resaltaba era el de Gisela.

Apretó el celular, tragándose las palabras que había estado a punto de decir.

—Voy para allá. Voy a ver cómo están las cosas.

Capítulo 604 1

Capítulo 604 2

Capítulo 604 3

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