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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 34

Esa noche, Thaís apenas durmió.

Esperó hasta que el silencio de la madrugada envolvió la mansión.

Sabía que Liam, después de la humillación y la rabia, estaría bebiendo en la biblioteca, probablemente hasta quedarse dormido en uno de los sofás.

Se levantó de la cama con un cuidado infinito, descalza, moviéndose como una sombra por los pasillos que conocía de memoria.

La puerta del despacho de Liam, que estaba junto a la biblioteca, solía estar cerrada con llave. Pero desde su “accidente”, él se había vuelto descuidado. Confiado.

El pomo giró sin hacer ruido. La puerta se abrió.

La habitación estaba a oscuras, solo iluminada por la luz de la luna que se filtraba a través de los grandes ventanales.

El objetivo de Thaís era el escritorio de caoba de Liam.

Sobre él descansaba su tablet, idéntica a la que él le había regalado a ella. Estaba conectada, cargándose.

Thaís se acercó, su corazón latiendo con fuerza pero sus manos firmes.

Tocó la pantalla. Se iluminó, mostrando la foto de Liam y Camelia sonriendo en una playa.

La tablet no tenía contraseña. Otro error de arrogancia.

Thaís deslizó el dedo y la pantalla se desbloqueó.

Abrió la aplicación del calendario.

Y allí estaba.

Jueves. 9:00 AM.

El evento estaba marcado en rojo, con letras mayúsculas.

“LLAMADA URGENTE - CIERRE ACUERDO SEDA LYON”.

Guardó la modificación y comprobó que el calendario se había sincronizado con la nube. El cambio era ahora efectivo en todos sus dispositivos.

Luego, con la misma delicadeza, cerró la aplicación y bloqueó la pantalla, dejando la tablet exactamente como la había encontrado.

Salió del despacho, cerrando la puerta tras de sí sin hacer el menor ruido.

Volvió a su cama y se metió bajo las sábanas.

Se quedó mirando el techo, una sonrisa gélida en sus labios.

Liam se despertaría por la mañana, probablemente con resaca, y revisaría su agenda. Vería su llamada importante programada para la noche y continuaría con su día sin sospechar nada.

Y a las nueve de la mañana, en Lyon, un proveedor de seda esperaría una llamada que nunca llegaría.

Un acuerdo crucial se rompería.

Y el castillo de naipes de Liam Moreno estaría un poco más cerca de derrumbarse.

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