Roberto Márquez odiaba las reuniones de marketing.
Le parecían un ejercicio de autocomplacencia lleno de palabras de moda y gráficos inútiles.
Estaba a punto de dar por terminada la presentación sobre su propia línea de fragancias masculinas cuando su asistente, una mujer eficiente llamada Laura, entró discretamente en la sala de juntas y le tendió una tableta.
—Señor —susurró—, creo que debería ver esto. Llegó a nuestra dirección general hace diez minutos. Nuestro sistema de seguridad lo marcó como sospechoso, pero el contenido es… interesante.
Roberto tomó la tableta, arqueando una ceja.
En la pantalla, vio el correo de Cassandra2025.
Leyó la única línea de texto. Luego, abrió el archivo adjunto.
Un silencio cayó sobre la sala mientras sus ojos recorrían el documento. Los ejecutivos de marketing se miraron, nerviosos.
Roberto no era un experto en perfumes, pero era un genio de la estrategia. Y reconoció al instante la veracidad del análisis del anónimo informante.
La campaña de Liam Moreno era un dinosaurio. Un monumento a la arrogancia masculina de otra época.
—Laura —dijo, sin levantar la vista de la tableta—. ¿Puedes verificar si este documento es auténtico?
—Ya lo he hecho, señor. He cruzado las cifras del presupuesto con las estimaciones de gasto en medios que nuestros analistas ya tenían. Coincide. Es el plan de marketing real de Monteverde Lux.
Roberto se recostó en su silla, una lenta sonrisa dibujándose en su rostro.
Era la primera vez que sonreía en toda la mañana.
Miró a su equipo de marketing, que lo observaba con una mezcla de miedo y expectación.
—Olviden todo lo que acabamos de hablar —dijo, su voz tranquila pero cargada de una nueva energía—. Tenemos un nuevo plan.
Durante la siguiente hora, la sala de juntas, antes un lugar de aburrimiento, se convirtió en un centro de guerra.
Roberto, revitalizado por el desafío, dirigió la estrategia.
—Quiero una campaña totalmente digital. Contraten a influencers, pero no a los típicos modelos. Quiero activistas medioambientales, artistas, emprendedores que empezaron de cero. Quiero historias reales.
—Enfóquense en la sostenibilidad de nuestros ingredientes. Quiero vídeos cortos que muestren de dónde vienen nuestras esencias. Transparencia total.
—Y quiero que se lance pasado mañana.
Hubo un murmullo de pánico.
Se sentó en su escritorio. No podía evitar preguntarse quién estaba detrás de ese correo.
¿Un empleado descontento de Monteverde Lux? Posible, pero el análisis era demasiado agudo, demasiado estratégico. No era una simple queja, era un plan de batalla.
¿Un competidor intentando jugar a varias bandas? Improbable.
La precisión. La eficiencia. La audacia.
Le recordaba a alguien.
Le recordaba el estilo de la única persona en esa industria a la que siempre había respetado. La única a la que había considerado una verdadera rival.
Thaís Monteverde.
Pero ella estaba enferma. Rota. Con amnesia.
Sacudió la cabeza, desechando la idea. Era imposible.
Pero la pregunta se quedó flotando en su mente, intrigante y peligrosa.
¿Quién era Casandra? ¿Y qué quería realmente?

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