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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 61

La amenaza en la voz de Liam no la asustó.

Al contrario, la encendió.

Sabía que el tiempo de los pequeños sabotajes y las humillaciones sutiles se estaba acabando. Cuando Liam regresara, la vigilaría como un halcón. Cada movimiento, cada palabra, sería analizado.

Necesitaba un aliado. Un arma externa que pudiera usar para atacar a Liam en un frente que él no esperaba.

Y el nombre de ese aliado era Roberto Márquez.

Esa noche, se encerró en su cubículo mucho después de que todos se hubieran ido. La oficina vacía era su reino, el único lugar donde podía ser ella misma.

Usando una red wifi pública a través de un proxy anónimo, creó una nueva cuenta de correo electrónico.

Sin nombre. Sin datos personales. Una dirección genérica y fantasma.

"[email protected]".

Casandra. La profetisa troyana a la que nadie creyó, pero que siempre decía la verdad. Le pareció apropiado.

Luego, se sumergió en los servidores de la empresa, en la carpeta de marketing.

Liam había estado preparando una gran campaña para el lanzamiento de una nueva línea de perfumes masculinos. Era su proyecto estrella, su intento de demostrar que podía tener éxito sin el genio creativo de Thaís.

Ella leyó el plan de marketing de principio a fin.

Era agresivo. Costoso. Y fundamentalmente erróneo.

Liam, en su arrogancia, había basado toda la estrategia en un estudio de mercado anticuado. Estaba apuntando a un perfil de consumidor que ya no existía, el ejecutivo clásico de los años 90.

El mercado actual lo dominaban los millennials y la Generación Z, hombres que valoraban la sostenibilidad, la autenticidad y las marcas con una historia. La campaña de Liam, llena de yates, trajes caros y modelos con mandíbulas de acero, les parecería ridícula. Un cliché.

Era un error de principiante. Un error que ella nunca habría cometido.

Dudó por un segundo antes de hacer clic en "Enviar".

Estaba cruzando un nuevo umbral. Ya no era una guerra interna. Estaba invitando a un jugador externo al tablero. Un jugador poderoso e impredecible.

Pero el rostro de Liam, su voz fría en el teléfono, resonó en su mente.

"Nos vemos mañana".

Hizo clic.

El correo desapareció en el ciberespacio, un misil anónimo en dirección al corazón del mayor rival de su marido.

Cerró el ordenador y se levantó.

La guerra acababa de volverse mucho más interesante.

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