La noticia del escándalo de Diego Salazar cayó como una bomba en las oficinas de Monteverde Lux.
Liam, que ya estaba al borde de un ataque de nervios por la caza del topo, perdió los estribos.
Ana se lo contó a Thaís en un susurro apresurado en la cafetería.
—Ha despedido a tres personas del departamento legal solo porque hablaron con Diego por teléfono la semana pasada. Está viendo fantasmas por todas partes.
Thaís asintió, su rostro mostrando la cantidad justa de preocupación.
Esa tarde, la paranoia de Liam se institucionalizó.
Contrató a un equipo de consultores de seguridad externos. Hombres con trajes grises y rostros inexpresivos que parecían sacados de una película de espías.
Llegaron sin previo aviso y comenzaron a instalar nuevo software de vigilancia en todos los ordenadores.
Se programaron entrevistas individuales y obligatorias para todos los empleados de nivel gerencial hacia arriba.
El correo de la empresa fue intervenido. Las llamadas, grabadas.
La atmósfera en la oficina, ya tensa, se volvió irrespirable.
La gente caminaba por los pasillos en silencio, evitando el contacto visual. Las conversaciones se extinguieron. Las sonrisas desaparecieron.
Cualquiera podía ser el topo. Cualquiera podía ser el siguiente en ser despedido.
La confianza, el pilar sobre el que Thaís había construido su empresa, se había evaporado.
En su lugar, reinaba el miedo.
Thaís observaba el caos desde su cubículo, un oasis de aparente calma en medio del huracán.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo