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Después de que mi Esposo me Lanzó de un Acantilado, Regresé para Destruirlo Todo romance Capítulo 71

Roberto Márquez estaba a punto de entrar en una reunión sobre la adquisición de la empresa tecnológica —la que Casandra le había servido en bandeja de plata— cuando Laura entró en su despacho.

—Señor, acaba de recibir una invitación de calendario.

—Cancélala —dijo él, sin levantar la vista de sus documentos.

—No creo que quiera que la cancele, señor —insistió Laura—. Es de Liam Moreno.

Roberto levantó la vista, su interés picado al instante. ¿Qué demonios quería Moreno? ¿Una tregua? ¿Una declaración de guerra?

Laura le tendió la tableta.

Roberto leyó la invitación.

“Reunión Urgente”.

Martes, tres de la tarde.

La dirección del Hotel St. Regis.

“Venga solo”.

Una sonrisa lenta se extendió por el rostro de Roberto.

Esto no era de Liam Moreno. Moreno era muchas cosas, pero no era sutil. Si quisiera una reunión, enviaría a sus abogados.

Esto era de ella.

Era una respuesta a su correo. Una respuesta audaz, brillante y con un toque de arrogancia que le pareció irresistible.

Estaba demostrándole que podía moverse a su antojo por los sistemas de su marido, que el corazón del imperio enemigo era su patio de recreo.

—Cancela mi agenda para el martes por la tarde, Laura.

—Sí, señor.

Roberto no podía dejar de sonreír. La partida acababa de subir de nivel. Y él estaba deseando hacer su siguiente movimiento.

...

La inauguración de la nueva exposición en la Galería de Arte Contemporáneo era el tipo de evento que Thaís solía adorar. Ahora, le parecía un campo minado.

Liam la había obligado a ir, para mantener las apariencias.

Thaís se movía entre la multitud, su copa de agua intacta en la mano, cuando sintió una presencia a su lado.

—Buenas noches, señora Moreno.

Miró de nuevo a Thaís.

—Solo hay que saber mirar.

El mensaje era claro. Él había sabido mirar más allá del caos de su situación y había visto el patrón. La intención.

—A veces —respondió ella, sosteniendo su mirada—, el caos es la intención. A veces, la mejor forma de destruir un viejo patrón es crear uno nuevo y más impredecible.

Roberto sonrió. Una sonrisa genuina que iluminó su rostro.

—Martes a las tres, entonces —dijo en voz baja, casi un susurro.

—Martes a las tres —confirmó ella.

Se inclinó, como para despedirse, y su mano rozó la de ella. El contacto fue breve, apenas un roce, pero envió una sacudida a través del cuerpo de Thaís, una calidez que no había sentido en años.

Él se alejó, desapareciendo entre la multitud tan silenciosamente como había llegado.

Thaís se quedó quieta, su corazón latiendo con fuerza.

La química entre ellos no era solo intelectual.

Era algo mucho más peligroso.

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