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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1155

Hacía tres años que Leandro había enviudado. Tenía un hijo en el extranjero, pero no se había vuelto a casar, así que las mujeres a su lado cambiaban constantemente.

Samanta era como su nuevo tesoro: un trofeo para presumir y una fuente de apoyo emocional y validación. Y en eso, Samanta era una experta.

Ahora, lo único que Samanta quería que Leandro hiciera por ella era encontrar un abogado para rescindir su contrato con Gaspar.

La situación de la familia Ruiz siempre se había mantenido en secreto, así que Leandro no sabía nada sobre la madre de Gaspar. Pero al enterarse de que la vida de la madre de Gaspar dependía de Samanta, y al recordar que le había arrebatado el puesto de presidente de la cámara, no podía tragarse el rencor.

En la cena, Samanta lucía un vestido largo de tirantes color champán. Su maquillaje era impecable y su comportamiento, elegante pero con un toque de sensualidad que dejaba en la sombra a las demás acompañantes. Sin duda, le dio a Leandro una noche para presumir.

—Señor Serrano, ¡qué lástima! Yo estaba seguro de que el puesto de presidente de la cámara de comercio sería suyo.

—Tanto por su experiencia como por su trayectoria, el señor Serrano está mucho más calificado que ese tal Gaspar. No sé ni cómo llegó a ese puesto.

Leandro apretó la copa que sostenía. Los comentarios de esa gente solo avivaban su resentimiento.

En ese momento, Samanta regresó a su lado y lo tomó del brazo con suavidad.

—Leandro, ¿de qué hablan?

Leandro la llevó a la terraza y, de repente, le dijo:

—La otra vez mencionaste que querías rescindir ese contrato con Gaspar, ¿verdad?

El corazón de Samanta dio un vuelco y sus ojos se llenaron de esperanza.

Samanta se quedó paralizada por unos segundos. Por supuesto, había investigado a Leandro. El hijo que tenía en el extranjero no era cercano a él, por lo que no podía contar con él en su vejez. Así que Leandro quería que ella le diera otro.

Leandro continuó pintándole un futuro prometedor:

—Seguramente no lo sabes, pero tengo un hijo malagradecido con el que no puedo contar. Si tú me das un hijo, será mi legítimo heredero. Y entonces, no solo te liberaré de tu relación con Gaspar, sino que todo lo que tengo será tuyo y del niño.

Sus palabras estaban cargadas de tentación y le dieron a Samanta una nueva esperanza. Cambiar un hijo por su libertad y un futuro como señora de la familia Serrano… no era un mal trato.

—Leandro, claro que me encantaría tener un hijo nuestro, pero primero tenemos que romper mi contrato con Gaspar. Si no, no me permitirá quedar embarazada; me demandaría.

—¡Que se atreva! —El rostro de Leandro se ensombreció y su voz sonó despectiva—. ¿Acaso Gaspar se cree dueño del mundo? ¿Incluso va a meterse con que mi mujer tenga hijos?

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