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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1336

Cuando regresaron de la plaza ya eran las nueve de la noche. En la puerta, Pilar entró primero. Micaela se giró para mirar al hombre que estaba detrás de ella.

—Gracias por lo de esta noche.

Gaspar observó su expresión cortés y sonrió levemente.

—No hay de qué. Buenas noches.

Dicho esto, Gaspar se dio la vuelta y se fue.

Micaela cerró la puerta y entró. Sofía llamó a su hija para que fuera a bañarse. Micaela dejó su bolsa y su celular sonó. Vio que era un número desconocido y contestó.

—¿Bueno? ¿Quién habla?

—Mica, soy yo, tu tío Rafael —dijo una voz amable y cálida al otro lado.

Micaela se alegró al instante.

—¡Tío Rafael! ¿Cómo está?

—Estoy muy bien. Te llamo por lo siguiente: tengo un sobrino nieto que acaba de graduarse de la facultad de medicina. Es excelente en todos los aspectos y me gustaría que hiciera una pasantía contigo durante medio año. ¿Qué te parece?

La propuesta de Rafael Ávila sorprendió gratamente a Micaela. Su laboratorio estaba a punto de empezar y necesitaba personal. Además, el doctor Rafael no solo era un amigo cercano de su difunto padre, sino también una eminencia en el campo de la medicina. Alguien recomendado personalmente por él sin duda tendría una capacidad y un potencial incuestionables.

—Tío Rafael, por supuesto que confío plenamente en la gente que usted recomienda —dijo Micaela con sinceridad—. Justo ahora estoy en la fase de preparación de mi nuevo laboratorio y necesito gente.

—Eso es fantástico. Este muchacho se llama Fernando Ávila, tuvo calificaciones excelentes en la universidad y ha participado en varios proyectos relevantes. Le daré tu contacto para que te envíe su currículum.

—De acuerdo, tío Rafael —asintió Micaela rápidamente.

Enseguida, le respondió el correo, pidiéndole que se reunieran al día siguiente a las nueve de la mañana en la cafetería junto a su fraccionamiento para una entrevista en persona.

[Claro, doctora Micaela. Ahí estaré puntualmente] —respondió Fernando rápidamente.

***

A la mañana siguiente, Micaela llevó a su hija a la escuela. Como estaba de descanso en casa, no le pidió a Gaspar que la llevara.

Después de dejar a su hija, desayunó en un lugar cercano y luego estacionó su carro en el aparcamiento junto a la cafetería.

Entró primero para esperar, disfrutando de la tranquilidad de la mañana. Miraba a los peatones apurados por la ventana, agradecida por ese raro momento de calma.

Justo en ese momento, un Maybach negro se detuvo al lado de la cafetería. Enzo había venido a recoger a Gaspar para llevarlo al aeropuerto; tenía un viaje de negocios de tres días.

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