Gloria no esperaba un agradecimiento, solo quería recuperar su celular. Al fin y al cabo, era nuevo y lo cuidaba como un tesoro.
—Bueno, Samanta, ya me voy —dijo Gloria, escapando rápidamente. Por el tono de la discusión, se dio cuenta de que la ruptura entre Noelia y Samanta era total.
En cuanto Gloria se fue, Samanta se tambaleó, con el pecho subiendo y bajando violentamente. En su mente, la frase «Sin Gaspar, no serías nada» resonaba sin parar.
Siempre se había negado a admitirlo, pero las palabras de Noelia eran la cruda realidad. Había muchas pianistas mejores que ella, pero pocas habían alcanzado su nivel de fama. Todo lo que había tenido —fama, dinero, estatus, la admiración de la gente— se lo debía a la influencia de Gaspar.
Después de todo, cuando Noelia buscaba patrocinios y contratos, siempre mencionaba el nombre de Gaspar, aunque fuera discretamente. A eso se sumaba la imagen que Samanta había construido durante años, haciendo creer al público que su relación con Gaspar era muy cercana, llegando incluso a insinuar que ella era la futura señora Ruiz.
Samanta se mordió el labio, negándose a aceptar las palabras de Noelia. ¿Estaba acabada?
Pero la realidad era que su carrera estaba en franco declive. Últimamente se había enfocado por completo en Leandro, abandonando prácticamente su profesión.
Ahora estaba sola, sin apoyo y sin mánager. Se podría decir que todos a su alrededor la habían abandonado.
Diez minutos después, justo cuando Samanta iba a sentarse a descansar, recibió una llamada.
Era una persona que había trabajado para ella.
—Samanta, ¿qué pasó con Noelia? Acaba de publicar en sus redes que le debes dinero de su sueldo.
Las pupilas de Samanta se contrajeron violentamente. Se apresuró a decir:
—Voy a revisar.
Samanta se quedó sentada en el sofá, leyendo los comentarios se le iba y venía el color. Vio a varios de sus seguidores más leales cambiar de bando, defendiendo a Noelia. La pantalla estaba inundada de palabras como «acabada», «mala persona», «malagradecida».
Cada palabra era como un cuchillo que se le clavaba en los ojos, haciendo que la sangre le subiera a la cabeza.
Samanta no podía creer que Noelia la hubiera atacado en redes sociales tan rápido y con tanta saña. ¿Acaso quería destruirla?
De repente, su mente se quedó en blanco. Antes, cuando alguien la atacaba, Noelia se encargaba de resolverlo. A ella le bastaba con dar un par de órdenes.
Pero ahora, era la propia Noelia quien la atacaba, y se dio cuenta de que no tenía la menor idea de cómo manejar esta crisis de imagen pública.
Sin Noelia, no tenía a nadie a quien pedirle ayuda.

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