Micaela se quedó pasmada, sin saber qué decir.
—Perdón. Mi reacción interna fue muy intensa en ese momento y me comporté como un idiota —dijo Gaspar con una sonrisa amarga.
—¿Usaste a Samanta para provocarme? —preguntó ella, y luego añadió—: ¿Por qué no me preguntaste directamente?
Gaspar la miró sin parpadear, con la luz del sol reflejándose en sus ojos. Sonrió.
—Si pudiéramos volver a ese momento, te aseguro que te lo preguntaría de frente.
Micaela de pronto también sonrió.
—No lo harías, porque yo tampoco lo habría hecho.
No habría ido a cuestionarle su verdadera relación con Samanta; solo habría usado suposiciones para imaginar cosas, negarse a sí misma, sufrir y, al final, decidir terminar con todo.
La sonrisa de Gaspar se tiñó de dolor y comprensión.
—Tienes razón.
Estaba de acuerdo.
Porque en aquel entonces, ambos tenían miedo de preguntar y recibir una respuesta que confirmara sus miedos, lo que habría sido aún más devastador.
—Por suerte, todavía tenemos la oportunidad de sentarnos aquí, hablar del pasado con calma y permitirme disculparme por mi estupidez.
Micaela se quedó atónita de nuevo, y luego soltó una risita. ¡Es verdad! ¿Quién iba a pensar que podrían sentarse tan tranquilamente a repasar los errores del pasado?
—¿Sabes? El día que Lionel Cáceres invitó a Ramiro a su fiesta privada, pensé que había ido por ti —comentó Gaspar.
Micaela recordó ese día. Gaspar le había advertido que cuidara su comportamiento, y luego él bebió por Samanta en un juego, mientras que, si mal no recordaba, ella se había puesto a platicar muy animadamente con Ramiro.
De repente, Micaela recordó algo y miró la hora. Se levantó de un salto.
—¡Voy a llegar tarde a mi conferencia!
Gaspar se sobresaltó.
Micaela agarró su maletín y su celular a toda prisa, como una estudiante que se quedó dormida, y le lanzó una frase mientras corría:
—¡Me voy!
—Sí, claro que iré —asintió ella sonriendo.
—¿Vas a traer a algún amigo?
Micaela lo pensó y asintió.
—Invitaré a un amigo.
—Nosotros traeremos a todo el grupo, para que se ponga bueno el ambiente.
Micaela salió de la sala, pensando en sus cosas, cuando escuchó una voz grave detrás de ella.
—¿En qué piensas?
Se giró. El sol de la tarde deslumbraba un poco. Gaspar estaba ahí parado.
—¿Tienes tiempo hoy en la noche? —preguntó ella entrecerrando los ojos, y continuó—: Hay una cena de despedida, puedo llevar invitados. Si estás libre...
—Sí —respondió él antes de que terminara.

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