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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1415

Micaela se adelantó hacia los elevadores, y Gaspar, con la toalla amarrada a la cintura, la siguió.

Las puertas se cerraron y el espejo del interior reflejó directamente el cuerpo del hombre, cubierto solo por la toalla.

Aunque ya no eran unos adolescentes y habían estado casados seis años —lo que significaba que Micaela ya había visto todo lo que había que ver—, ella bajó la mirada, evitando instintivamente el contacto visual.

Gaspar observaba su reacción a través del espejo. Aunque ella miraba hacia abajo, desde su ángulo podía notar que los lóbulos de sus orejas se habían puesto ligeramente rojos.

Cuando las puertas se abrieron, Micaela preguntó:

—¿En qué cuarto está Pilar?

Gaspar le dio el número de la habitación y ella se apresuró hacia allá.

Veinte minutos después, Micaela y Adriana acompañaron a Pilar al restaurante, ya que la niña moría de hambre.

Apenas terminaron de ordenar, apareció Gaspar. Ya se había cambiado y traía ropa casual, lo que le daba un aire mucho más relajado. Adriana estaba sentada junto a Pilar, así que él, con total naturalidad, jaló la silla al lado de Micaela y se sentó.

—Hermano, ¿mañana van a ver las casas? —preguntó Adriana.

—Sí.

—Mamá dice que veas una más, porque nosotros también nos queremos mudar para allá, para que sea más fácil cuidar a Pilar —comentó Adriana.

Gaspar asintió.

—Ya lo sé.

Micaela parpadeó sorprendida y miró a Gaspar.

—¿Tu abuela está de acuerdo? Digo, la casa donde viven ahorita le gusta mucho.

—La abuela fue la primera en decir que sí. Dice que como vas a estar muy ocupada con el trabajo, si vivimos cerca será más fácil cuidar a la niña —rio Adriana.

Micaela no supo qué decir por un momento, pero en el fondo se sintió agradecida. Aunque su próxima investigación no requería que viajara, sí habría momentos en los que estaría muy ocupada y necesitaría ayuda.

—Ya es tarde, mi amor. Mamá te acompaña ahora.

—Pero yo quiero que papá también me acompañe... —Pilar hizo un puchero.

—Papá se queda otro ratito —dijo Gaspar, acariciándole la cabeza con ternura.

Gaspar sentó a la niña en su regazo en el sofá, con un libro de "encuentra las diferencias" edición infantil. Cada vez que Pilar encontraba una, se reía a carcajadas.

—Papá, ¿verdad que soy muy lista?

—Listísima —rio Gaspar, elogiándola.

Sofía, que estaba recogiendo la casa, no pudo evitar sonreír al ver la escena. Parecía como si el tiempo hubiera retrocedido unos años, cuando Pilar era una bebé y se sentaba en el regazo de Gaspar mientras él le tenía toda la paciencia del mundo.

Pensó que ojalá pudiera ser así siempre.

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