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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1416

Pilar no quiso irse a la cama hasta pasadas las diez. Ya acostada, abrazó a Micaela por el cuello y de repente soltó la pregunta:

—Mamá, ¿cuándo va a poder papá dormir con nosotras?

Micaela, que estaba perdida en sus pensamientos, se quedó pasmada ante la pregunta repentina. Le acarició la cabeza a su hija y cambió de tema rápidamente:

—¿Qué te parece si mañana vamos a ver una casa nueva?

Los ojos de Pilar se iluminaron y asintió emocionada.

—¡Sí! Quiero una casa con jardín grande para jugar a la pelota.

—Hecho —prometió Micaela con una sonrisa.

A las nueve y media de la mañana siguiente, Gaspar pasó por ellas y las llevó a una zona residencial de lujo cerca de la escuela primaria internacional.

Era un conjunto de villas desarrollado para gente adinerada, lleno de árboles, tranquilo, elegante y con seguridad estricta.

El carro de Gaspar se detuvo junto a una gran villa doble ubicada en una zona más privada.

Lo que llamaban "doble" eran en realidad dos villas independientes de tres pisos conectadas inteligentemente, compartiendo el garaje y el jardín privado. Se decía que los dueños anteriores eran una pareja rica que había diseñado el lugar así para criar a sus hijos juntos pero con espacio.

El exterior de la villa era lujoso, con grandes ventanales de cristal que garantizaban una iluminación excelente.

Pero lo más atractivo era el jardín privado de casi doscientos metros cuadrados. Estaba impecablemente cuidado, con un césped verde y saludable, y en una esquina tenía una casita de juegos y columpios.

—¡Guau! ¡Me encanta! —Pilar corrió hacia el pasto y gritó emocionada, volteando a ver a su mamá—: ¡Mamá, a Pepa también le va a gustar mucho!

Micaela realmente se sintió atraída por el jardín. Casi podía visualizar a su hija y a Pepa corriendo y jugando sin preocupaciones allí.

Sol, pasto, una niña y su perro. Esa era la vida que ella más anhelaba.

—Esta zona es más apartada, tiene buena privacidad y es muy tranquila, ideal para tu trabajo —dijo Gaspar mirando a Micaela, con los ojos llenos de esperanza.

Estaba claro que él ya había decidido mudarse ahí.

Antes de que Micaela pudiera decir algo, Gaspar continuó:

—En el futuro seremos vecinos, pero cada quien tendrá su propio espacio. Será fácil apoyarnos, especialmente cuando tengas mucho trabajo. Claro, es solo una sugerencia, la decisión final es tuya.

Micaela bajó la vista y vio a su hija corriendo en el jardín, acompañada por dos vendedoras de la inmobiliaria.

—Que sea esta —dijo Micaela asintiendo con firmeza.

Los ojos de Gaspar brillaron al instante. Conteniendo su emoción, dijo con voz grave:

—Perfecto. Arreglaré los trámites lo antes posible para poner la casa a tu nombre. En un par de días discutimos lo de la decoración.

—Está bien —respondió ella, y levantando la vista agregó—: Te encargo eso entonces.

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