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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1424

—Señorita Samanta, hicimos dos pruebas de confirmación y el resultado fue el mismo. Como científico, debo velar por la seguridad del experimento. Lo lamento mucho, pero su sangre ya no sirve para ningún estudio —dijo Ángel con calma.

Samanta se quedó clavada mirando los datos y la palabra "Positivo". Soltó un suspiro helado y empezó a temblar sin poder controlarse.

En ese momento, le extendieron otro documento.

—Señorita Samanta, por decisión del señor Gaspar, se da por terminado unilateralmente su contrato. Según la cláusula tercera del acuerdo, el señor Gaspar le notifica formalmente: el contrato queda rescindido con efecto inmediato.

Samanta levantó la vista de golpe hacia Enzo y gritó:

—¿Rescindido? ¿Por qué? ¿Gaspar cree que puede firmarme y correrme cuando se le dé la gana?

—Señorita Samanta —dijo Enzo con tono tranquilo—, dado que su muestra de sangre no cumple con los estándares de seguridad, el acuerdo estipula claramente que el señor Gaspar tiene derecho a terminar toda cooperación unilateralmente.

Samanta miró el documento de rescisión y su mente se quedó en blanco otra vez. Eso significaba que su relación laboral con Gaspar se acababa por completo.

Y también significaba que el regalo en efectivo por su cumpleaños se había esfumado.

—¿Por qué cancelar el contrato? Puedo curarme. Cuando me cure, puedo seguir donando —dijo tratando de mantener la compostura.

—Señorita Samanta, es una decisión del señor Gaspar. Yo solo vengo a informarle. El proceso legal ya comenzó y el departamento jurídico la contactará después —dijo Enzo, y luego se dirigió al doctor Ángel—: Doctor, me retiro.

Cuando Enzo salió, Samanta se dejó caer en el sofá, mirando los papeles. Gaspar quería cortar todo lazo con ella definitivamente.

Ese hombre era verdaderamente frío. Después de todo lo que ella dio, él terminaba con ella de una manera tan tajante.

Ángel, habiendo cumplido con su parte, le dijo a su asistente:

En su mente pasaron como diapositivas los recuerdos del pasado. La primera vez que vio a Gaspar, lo vio como un dios, su tabla de salvación para salir de la pobreza. Se aferró a él con todas sus fuerzas.

Esas ayudas que parecían generosas, al final, no eran más que frías transacciones. Y ella, qué patética, había llegado a creer que podría ocupar el lugar de Micaela.

—¡Gaspar! Qué cruel eres —dos lágrimas rodaron por sus mejillas. Ese nombre era como un hierro hirviendo marcado en su corazón, despertando un rencor profundo.

El asistente retrocedió un paso. La expresión de locura en la cara de Samanta le hizo pensar que podría atacar a alguien en cualquier momento.

Samanta abrió los ojos, sacó su celular y marcó el número de Gaspar. Pero la respuesta fue clara: estaba bloqueada.

Sin rendirse, marcó el número de Enzo, quien sí contestó.

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