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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1425

—Bueno, señorita Samanta.

—Quiero ver a Gaspar —gritó ella al teléfono, con voz exigente.

La voz de Enzo sonó calmada desde el otro lado:

—Si tiene algún asunto, puede decírmelo a mí y yo se lo comunico.

—Dije que quiero ver a Gaspar —insistió Samanta apretando los dientes—. Aunque cancele el contrato, debería tener la decencia de decírmelo a la cara. Tengo cosas que preguntarle.

—Señorita Samanta, usted sabe bien que el señor Gaspar no quiere verla —respondió Enzo, y su tono se volvió más frío.

—Enzo, ¿quién te crees que eres? No eres más que un mensajero. Dile a Gaspar que me vea.

—Señorita Samanta, seguir insistiendo no le traerá ningún beneficio —advirtió Enzo, ya con voz helada.

—¿Ningún beneficio? ¿Crees que tengo algo más que perder? —Samanta soltó una risa amarga y lanzó su demanda—: Quiero que Gaspar me pague una liquidación. Diez millones de pesos. Si no, no me voy a quedar de brazos cruzados.

Sin dejar que Enzo respondiera, gritó con fuerza:

—Gaspar me usó todos estos años y ahora me tira a la basura. Las cosas no son tan fáciles. Diez millones no son nada para él. Si me da el dinero, prometo desaparecer para siempre. Si no... no me importaría inventar unas historias bien jugosas para la prensa.

—Señorita Samanta, la calumnia y la difamación tienen consecuencias legales. Su contrato con el señor Gaspar fue una cooperación comercial legal y transparente. No cobrarle a usted una penalización por incumplimiento ya es un acto de generosidad.

—Enzo, dile a Gaspar que mañana quiero ver esos diez millones en mi cuenta.

La voz de Enzo seguía imperturbable:

—Señorita Samanta, usted conoce mejor que nadie al señor Gaspar. En el fondo sabe si tiene o no la capacidad de amenazarlo —hizo una pausa y añadió—: Esta será nuestra última llamada.

Y colgó.

—Pilar va a cenar en casa de mi mamá. Pensaba que podíamos ir a cenar juntos hoy —propuso Gaspar.

Estaba claro que quería una cena solo para los dos.

Micaela miró su reloj.

—Tengo que escribir un reporte, me voy a tardar como media hora. ¿Quieres esperar?

—Claro, te espero lo que sea necesario —sonrió él.

Micaela se sentó a organizar los datos del experimento y se puso a trabajar.

Dicen que la gente que trabaja con pasión se ve atractiva, sin importar si es hombre o mujer. Ver a esa mujer tecleando frente a la computadora, completamente absorta en lo suyo, hizo que el hombre en el sofá se quedara embobado mirándola.

Durante los últimos tres años, solo podía mirarla a escondidas, y si ella lo cachaba, se ganaba una mirada de desprecio o una advertencia. Pero a partir de hoy, podía mirarla con total libertad.

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