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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1446

El comentario inocente de Pilar cayó como una piedra en un lago en calma, provocando una serie de ondas que sacudieron a todos los presentes en el privado del restaurante.

Las miradas de los tres comensales se posaron, casi al mismo tiempo, en Micaela y Gaspar.

La cara de Micaela se puso roja de golpe. Ella, que de por sí era de piel muy blanca, ahora parecía una manzana, y el rubor resaltaba todavía más con el vestido color champaña que llevaba puesto.

Gaspar soltó una risa grave, se agachó y le acarició la cabecita a su hija.

—¿Ah, sí?

—¡Sí! Mi mamá es muy bonita y mi papá es muy guapo —insistió Pilar con curiosidad—. Entonces, ¿cuándo se van a volver a casar?

La pregunta los dejó a todos helados otra vez.

—Pilar —Micaela por fin recuperó la voz, tratando de desviar la curiosidad de la niña—, ¿tienes hambre? Vente, vamos a comer.

Adriana miró a su hermano mayor y le hizo una discreta señal de ánimo. Gaspar, con una sonrisa que mezclaba resignación y cariño, le dijo a su hija:

—Tu mamá tiene hambre, vamos a acompañarla a comer primero, ¿te parece?

—¡Bueno! —asintió Pilar moviendo la cabeza.

Florencia intervino para romper la tensión:

—Mica, siéntate a tomar un poco de caldo.

Micaela apenas se sentaba con la niña cuando Gaspar ya le estaba sirviendo.

—Micaela, es consomé de pollo con abulón, pruébalo —dijo Damaris con tono amable.

—Gracias, señora —respondió Micaela.

—Mica se ve muy bien con ese vestido hoy, y Gaspar también se ve muy elegante —comentó Florencia sonriendo.

En ese momento, los meseros comenzaron a servir. Dieciocho platillos exquisitos llenaron la mesa, inundando el ambiente con aromas deliciosos.

Micaela bajó la cabeza y tomó un poco de sopa. El líquido caliente y sabroso le cayó de maravilla al estómago y calmó un poco su hambre.

—Mica, Gaspar me contó que decidiste llevar a Pilar de viaje una semana. ¿Cuándo piensan irse? —preguntó Florencia.

Efectivamente, Micaela había apartado tiempo para llevar a su hija a una isla dentro del país. Al ver los ojos enormes de Pilar llenos de ilusión, respondió:

—Termino mis pendientes esta semana y nos vamos el próximo martes.

De repente, a Micaela le zumbó la cabeza. Con tanto trabajo se le había olvidado por completo el regalo de cumpleaños de la abuela. Se mordió el labio, sacó su celular pensando en pedirle a Franco que eligiera algo y lo enviara de inmediato, y le dijo a la anciana:

—Abuela, se me olvidó un asunto del trabajo, tengo que hacer una llamada rápido.

—Ve, hija, no te preocupes —respondió la abuela con una sonrisa tierna.

Micaela salió con el celular en la mano y se dirigió a una zona de descanso en el pasillo. Justo cuando iba a marcar, una voz grave y risueña sonó a sus espaldas:

—¿Estás pensando en pedir que te traigan un regalo?

Micaela se giró sorprendida. Gaspar la había seguido.

No tenía caso mentir, así que admitió con un suspiro:

—Con tanto trabajo se me pasó prepararlo. Voy a pedir que me manden algo ahorita mismo.

—No te molestes, ya tengo un regalo preparado en el carro a nombre de los dos. Se lo damos a la abuela cuando nos vayamos —dijo él con un tono suave y considerado.

Micaela se quedó pasmada. ¿Él ya lo tenía previsto?

—Está bien. Dime cuánto costó para transferirte el dinero —dijo ella, aliviada de no tener que comprar algo a las carreras.

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