Entrar Via

Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1447

La frase hizo que Gaspar soltara una risa incrédula, aunque con un toque de frustración.

—¿A poco tenemos que llevar cuentas tan estrictas entre nosotros?

Micaela apretó los labios. Aunque sabía que a él no le faltaba dinero, no podía aceptar sus favores así como así. Era un hábito que había desarrollado en los últimos tres años: marcar una línea clara en todo.

—No son cuentas estrictas, simplemente no quiero que gastes por mí. Al fin y al cabo, es el regalo para la abuela —dijo Micaela con voz clara pero firme.

Gaspar dio dos pasos hacia ella, acortando la distancia. Su figura alta proyectaba una sombra suave bajo la luz del pasillo, envolviendo a Micaela.

—¿Segura que quieres ser tan calculadora? —preguntó bajando un poco la voz.

Micaela levantó la vista y se encontró con sus ojos. Por un momento no supo qué contestar, pero usar el regalo de él para quedar bien ella no le parecía correcto.

—Bueno, tomo el regalo prestado, pero luego te paso el dinero...

—Micaela —la interrumpió Gaspar con una suavidad que no admitía réplica—, ya te dije que no.

Micaela apretó el celular. En realidad, todavía tenía tiempo para que Franco le trajera algo, pero como él ya se había adelantado, suspiró ligeramente y cedió.

—Está bien. Gracias.

—Si de verdad quieres agradecerme, invítame a comer la próxima vez —rio él por lo bajo—. Hace mucho que no me invitas a comer por iniciativa propia.

Al menos, no desde el divorcio.

—Trato hecho —asintió Micaela.

—Regresemos. El caldo se va a enfriar y ya no sabe igual.

Micaela, que había dejado la sopa a medias, asintió.

Regresaron al privado uno detrás del otro. Pilar estaba abrazada a Adriana; tía y sobrina se llevaban de maravilla.

—Mica, ¿ya terminaste tu llamada? Ven, sigue comiendo —le dijo Florencia.

Micaela se sentó de nuevo. Con el problema del regalo resuelto, ya podía comer tranquila.

Pero estaba segura de que a Florencia le gustaría.

Damaris pidió a los guardaespaldas que guardaran los obsequios en la cajuela y se volvió hacia su hijo.

—Lleva a Micaela y a Pilar a casa para que descansen.

—Sí, mamá —asintió Gaspar.

—Micaela, ¡nosotros ya nos vamos! —se despidió Adriana caminando hacia su carro.

Después de ver irse a la familia Ruiz, Micaela tomó la mano de su hija.

—Vámonos nosotras también.

En el camino de regreso, Pilar cayó rendida y se durmió en los brazos de Micaela. En el silencio del carro, Micaela no pudo aguantar la curiosidad y le preguntó al chofer improvisado:

—¿Qué le regalaste a la abuela?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica