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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1459

Micaela se dio la vuelta y la miró con frialdad.

—Si tienes algo que decir, dilo de frente.

—Mi despido... tú fuiste a meter cizaña con el señor Gaspar, ¿verdad? Micaela, eres una hipócrita. Te aprovechas del poder de tu exmarido para pisotear a los empleados del Grupo Ruiz a tu antojo. Estás muy orgullosa, ¿no? —La voz de Lara se volvió aguda, y su rostro reflejaba el odio acumulado que sentía por Micaela.

—Lara, cuida tus palabras —respondió Micaela con tono helado—. Si tienes quejas, sigue el proceso y repórtalo.

—¿Y de qué sirve? Todo el Grupo Ruiz es de tu exmarido, Gaspar. Si él quiere correrme, cualquier excusa es buena. —Los ojos de Lara mostraban dolor y rencor—. Micaela, deja de fingir. Todo el mundo sabe que ahora te estás colgando de Gaspar otra vez, quieres usar a tu hija para trepar de nuevo, ¿verdad? ¿Qué? ¿Quieres venganza personal? Ya ni siquiera me meto en tu camino, ¿y todavía no me dejas en paz? ¿Quieres que me largue a como dé lugar?

Lara gritaba cada vez más fuerte. La cafetería estaba llena de empleados del laboratorio y todas las miradas se centraron en Micaela.

Verónica, al escuchar a Lara hablar tan feo, intervino molesta:

—Lara, Micaela no es así.

—Verónica, tú no tienes vela en este entierro. Tú has sobrevivido hasta ahora nada más porque le lames las botas como perrito faldero, ¿o no?

Lara decía cosas cada vez más hirientes y desagradables.

La mirada de Micaela se oscureció.

—Lara, ¿ya terminaste?

Lara soltó una risa fría.

—Micaela, no cantes victoria antes de tiempo. Crees que porque Gaspar volvió contigo significa que de verdad te quiere? Un hombre como él nunca ha tenido falta de mujeres, solo te da un poco de importancia por tu hija, nada más...

Verónica, viendo que Lara se pasaba de la raya, le gritó:

—¡Lara, cállate!

Pero Lara empezó a caminar paso a paso hacia Micaela. Traía una camisa de manga larga y apretaba el puño con fuerza, con una mirada venenosa.

—Micaela, ¿crees que te tengo miedo? ¿Piensas que si me voy del Grupo Ruiz no tengo a dónde ir? Te aviso que yo, Lara, nunca he sido menos que tú. No creas que me vas a hundir.

Justo cuando Lara se acercó a Micaela, de la manga derecha se le deslizó un tenedor de acero inoxidable que brilló con la luz...

Con el empujón, Lara cayó sentada al suelo.

La cafetería se volvió un caos al instante. Unos llamaban por teléfono, otros se acercaban a ayudar a Ramiro, y dos compañeros se pusieron junto a Lara para evitar que se volviera loca y atacara a alguien más.

Toda la atención de Micaela estaba en Ramiro.

—Ramiro, ¿cómo estás? Aguanta, por favor, la ambulancia ya viene.

Ramiro se apoyó en Micaela. Tenía la frente perlada de sudor frío, pero aguantando el dolor intenso, trató de consolarla:

—No es nada, puedo aguantar.

En ese momento, él agradecía haber llegado a tiempo. Si hubiera tardado un segundo más, la herida sería Micaela.

—Qué bueno que estás bien. —Ramiro forzó una sonrisa a pesar del dolor.

A Micaela se le salieron las lágrimas de golpe. Si no fuera por Ramiro, el tenedor se le habría clavado a ella. Ese gesto de protegerla con su propio cuerpo la hizo sentir conmovida y, al mismo tiempo, llena de culpa.

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