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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1515

Había que admitir que tener a un hombre para el trabajo físico era útil.

Micaela no se hizo del rogar.

—Entonces te lo encargo.

El corazón de Gaspar dio un vuelco, como si algo lo hubiera golpeado suavemente. Dios sabía que, para él, que ella le pidiera favores era una recompensa.

Podría haber mandado a alguien más a hacer esto, pero Gaspar no quería que nadie más lo hiciera; tenía que ser él.

Se desabrochó los botones de los puños de la camisa y se los remangó, dejando al descubierto sus antebrazos firmes y llenos de fuerza.

Micaela se quedó a un lado, observando cómo envolvía el CPU y el monitor con material acolchado y los colocaba con cuidado en la caja especial para computadoras.

Micaela lo observó en silencio un rato, y sintió cómo una pequeña parte de su corazón cedía suavemente.

Bajó a la cocina, trajo una botella de agua mineral y subió. Gaspar ya había sellado la caja. Al ver el agua que Micaela le ofrecía, sonrió apretando los labios y la aceptó.

Destapó la botella, echó la cabeza hacia atrás y bebió a grandes tragos. Su nuez de Adán se movía al tragar, dándole un aire rebelde y salvaje.

Micaela apartó la mirada, abrió su propia botella y bebió también.

—Gracias por el esfuerzo —dijo ella.

—No es ningún esfuerzo —Gaspar clavó su mirada en ella—. Poder hacer algo por ti es un honor.

Era demasiado directo. Micaela no supo qué responder. Por suerte, Gaspar no esperaba respuesta y cambió de tema:

—A las cuatro de la tarde Enzo mandará gente para la mudanza.

—Bien —Micaela preguntó—: ¿Y tus cosas?

—Las mías ya están listas, puedo mudarme en cualquier momento —dijo Gaspar—. No tengo muchas cosas.

A mediodía, Sofía se disculpó diciendo que por estar empacando no había ido a hacer el mandado. Gaspar aprovechó la excusa para invitar a Micaela a comer fuera.

La mirada de Gaspar se oscureció un poco.

—Tu enfermedad hereditaria nunca fue un factor que considerara. Estaba dispuesto a aceptarte por completo, incluidos tus genes. Si en el futuro hay riesgos, los enfrentaré y los asumiré. Es algo que le prometí a tu padre y también es mi responsabilidad.

Micaela sintió un nudo en la garganta y los ojos le ardieron. Desvió la cara.

—Me equivoqué en cómo manejé el asunto de Samanta Guzmán y te lastimé. Cualquier castigo que quieras imponerme será poco —la mirada de Gaspar se volvió firme de repente—. Aunque no me perdones en toda tu vida, usaré mis propios medios para cuidarte y protegerte hasta el final de mis días.

La voz del hombre no era alta, pero cada palabra cayó como un juramento en el corazón de Micaela.

Micaela giró la cabeza bruscamente y se encontró con sus ojos. No había duda ni vacilación en su mirada, solo una franqueza tan honesta que casi parecía obstinación.

—Tú... —Micaela abrió la boca, pero tenía la garganta seca.

—La vida es larga, tienes mucho tiempo para castigarme —rió Gaspar por lo bajo—. Prometo que aguantaré vara, no responderé a los regaños, estaré siempre disponible y no me quejaré —Gaspar se inclinó ligeramente hacia adelante, con una sonrisa indulgente en los ojos—. Con tal de que no me apartes de ti.

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