Pilar corrió hacia Micaela y puso el pastel sobre su escritorio:
—Mamá, ten, es para ti.
Micaela sintió una calidez en el pecho, le acarició la cabecita a su hija y le dio un beso.
—Gracias, mi amor.
—Papá dijo que a mamá le gusta comer esto, así que fuimos a comprarlo especialmente para ti —dijo Pilar con alegría.
Gaspar se acercó y echó un vistazo al contenido en la pantalla de su computadora.
—¿Sigues ocupada?
—Solo quedan algunos detalles finales —Micaela miró la hora—. Ya casi termino.
—Entonces le diré a Sofía que bañe a Pilar, yo me encargo de ella.
—Está bien. —Micaela asintió.
Ella continuó redactando el documento. Bajo la luz de la lámpara, aquel tiramisú le hacía una dulce compañía.
No pudo evitar abrirlo y probar un bocado; estaba tan bueno que comió un par de cucharadas más.
Alrededor de las nueve y media, al escuchar a su hija cantando en el baño, Micaela bajó a tomar agua. En el sofá de la sala de techo alto, Gaspar estaba sentado viendo un partido.
Micaela se sirvió un vaso de agua y caminó hacia la sala. La mirada de Gaspar se posó en ella; llevaba ropa de casa, el cabello largo suelto y desordenado, y en su rostro había una leve fatiga tras el trabajo, lo que le daba un aire suave y conmovedor.
—Ya tengo listo el regalo para la cena de mañana, lo enviaremos a nombre de los dos.
Micaela se quedó atónita un momento. La verdad es que ella no era buena para ese tipo de detalles sociales, así que no pudo evitar decir:
—Gracias por tomarte la molestia.
—Es lo que debo hacer —sonrió Gaspar, y añadió—: Mañana a eso de las cuatro de la tarde iremos a una boutique; ya pedí que prepararan todo.
Micaela lo miró, quiso rechazar la oferta, pero desistió. Asintió con la cabeza.
—De acuerdo.
Gaspar continuó:
—Mañana... es probable que haya algunos medios. Si los reporteros hacen preguntas y no quieres contestar, no tienes por qué hacerlo.
Micaela hizo una pequeña pausa; siempre había mantenido su distancia con la prensa.
—Enterada —respondió ella.
En ese momento, a Micaela le llegó un olor proveniente de la cocina, un aroma fuerte a hierbas medicinales. Se giró para mirar y luego volteó hacia cierto hombre.
—¿Le pediste a Sofía que te preparara algún remedio?
Gaspar sonrió y asintió.
—Sí, quiero probar algo.
Micaela entró a la cocina para echar un vistazo, destapó la olla, olió el contenido y regresó a la sala.
—Huele bastante amargo —comentó Micaela, quien no era fanática de beber infusiones herbales.
—Si es bueno, aunque sepa feo, ni modo —dijo Gaspar, restándole importancia.
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