A mitad de la noche, entre sueños, Micaela creyó escuchar el sonido de un auto, pero no supo distinguir si era real o parte de su sueño.
A la mañana siguiente, Pilar se lavó la cara, se vistió y bajó las escaleras. Micaela también se arregló y bajó justo cuando escuchaba a Pilar platicar con Sofía.
—Señora Sofía, ¿dónde está mi papá? ¿Por qué no está?
Sofía respondió:
—Tu papá tuvo que salir muy temprano por un asunto.
Micaela terminó de bajar y preguntó:
—¿Salió temprano en la mañana?
Sofía volteó a verla.
—No, el señor salió anoche, de madrugada. Creo que eran como las dos, me desperté y vi la hora.
Micaela frunció el ceño. Entonces no lo había soñado. ¿Gaspar había salido en plena madrugada?
—Pilar, te llevo a la escuela, vámonos.
Pilar asintió y siguió a su madre. El trayecto a la escuela les tomó solo cinco minutos. Justo cuando Micaela se preparaba para manejar hacia el laboratorio, sonó su celular. Era Gaspar.
Micaela se orilló y contestó.
—¡Bueno!
—¿Ya dejaste a Pilar? —la voz del hombre al otro lado sonaba cansada.
—Sí, acabo de dejarla. ¿Tuviste alguna emergencia anoche? —aprovechó para preguntar.
La voz de Gaspar se tensó.
—La abuela se sintió mareada en la madrugada. La traje al hospital y le están haciendo estudios.
Micaela sintió un vuelco en el corazón.
—¿En qué hospital están? Voy para allá ahora mismo.
—En el Hospital Metropolitano del Sur. No te angusties, maneja con cuidado —le pidió Gaspar.
Micaela colgó y arrancó de inmediato hacia el hospital. Durante el camino, las palabras de la abuela del día anterior resonaban en su cabeza. ¿Acaso la anciana presentía que su final estaba cerca?
—Ayer estaba tan bien, ¿cómo pudo pasar esto tan de repente...?
—Mamá, no te preocupes, la medicina está muy avanzada, la abuela va a estar bien —trató de consolarla Adriana.
Gaspar miró a Micaela.
—Voy a ir con el doctor, ¿vienes?
Micaela asintió y lo siguió.
Ambos hablaron detalladamente con el médico sobre el tratamiento a seguir. La opinión del doctor fue directa y muy realista.
Considerando la edad avanzada de la paciente y el deterioro de sus funciones, el problema cardíaco era especialmente grave. Sospechaban que este episodio era el preludio de una insuficiencia cardíaca aguda, por lo que el plan de tratamiento se basaría en cuidados conservadores y mantenimiento.
—Una cirugía conlleva un riesgo demasiado alto, no la recomendamos —dijo el médico.
Cuando salieron del consultorio, Gaspar caminaba en silencio delante de ella. Por la tensión en sus hombros, Micaela podía notar la carga que llevaba encima.
Entró con él a la habitación de la abuela. En efecto, la anciana se veía mucho más pálida, su cabello había perdido el brillo de siempre y tenía una cánula de oxígeno en la nariz. Verla así partía el corazón.

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