Si no fuera por sus maniobras y estrategias, el hombre que estaría al lado de Micaela ahora mismo podría ser Anselmo Villegas, Jacobo o Ramiro Herrera.
Cualquiera de los tres era excelente, la respetaba y no ocultaba su amor por ella. Eligiera a quien eligiera, sería feliz. El único que la ataba y la complicaba era él.
Nunca negaría que durante estos tres años luchó sucio para mantenerla cerca, incluso después del divorcio.
Si no hubiera recurrido a esos trucos, ¿cómo habría logrado permanecer a su lado? ¿Cómo podría estar intentando reconquistarla ahora?
El agua caliente caía sobre él. Gaspar apoyó una mano en la pared, dejando que el chorro le golpeara la cabeza, como si quisiera despertar a su cerebro aturdido.
Abajo, Micaela esperó a que Sofía terminara el caldo, lo cual tomó unos quince minutos. Subió con la bandeja a la pequeña sala del segundo piso.
Sin embargo, Gaspar no salía. Entró al dormitorio principal y escuchó el agua correr, pero no se oía movimiento. Un pensamiento alarmante cruzó por su mente: ¿y si se había desmayado?
—¡Gaspar! —gritó.
Nadie respondió. Sin pensarlo dos veces, Micaela empujó la puerta del baño.
El vapor inundaba el cuarto, nublando la vista. A través del cristal de la ducha, vio la silueta de Gaspar, inmóvil bajo el agua, con una mano apoyada en los azulejos.
Al escuchar el ruido, él reaccionó. Sus ojos se entrecerraron al ver a la mujer parada allí. Su voz sonó más ronca de lo normal:
—¿Qué haces aquí?
Micaela se quedó en blanco por unos segundos. Solo atinó a mirar al hombre entre la bruma. Ese cuerpo fuerte y musculoso no parecía el de alguien a punto de desmayarse.
Casi de inmediato, se dio la vuelta. En el aire solo quedó el sonido de sus respiraciones agitadas.
—No te tardes mucho, sal ya —dijo de espaldas y salió cerrando la puerta.
Una leve sonrisa curvó los labios de Gaspar.
—Ya voy —respondió.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica