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Divorcio Postparto con Mi Cruel Marido Millonario romance Capítulo 11

Isabel lo miró, visiblemente molesta. —¿Que yo le ponga nombre a mis hijos es pasarme de la raya? Entonces, señor Montero, que usted me sea infiel en pleno matrimonio, ¿eso qué es?

Él estaba seguro. Estaba celosa, molesta porque le había regalado el anillo a Camila. Desde que se casó con él, sus ojos y su corazón solo le pertenecían a él. Todos los días buscaba una nueva forma de complacerlo. Había dejado de ser una Cárdenas; la familia Cárdenas ya no la aceptaba. Si se divorciaba, no tendría a dónde ir. Y para colmo, tenía a su madre postrada en cama, necesitando una fortuna en gastos médicos cada mes.

En cuanto a su trabajo, bastaba una orden suya para que nadie en San Jacinto se atreviera a contradecirlo.

Todas sus extrañas actitudes de los últimos días eran solo para llamar su atención. ¡En realidad, no quería divorciarse!

—Isabel, ¿te divierte tanto este jueguito de tira y afloja?

Las palabras de Fernando Montero eran ácidas y crueles.

Isabel frunció el ceño. El bebé que sostenía en brazos estaba a punto de dormirse y no se atrevía a hablar en voz alta para no despertarlo. Bajó la cabeza y dejó de prestarle atención a Fernando.

Al ver su silencio, Fernando pensó que había acertado de lleno en sus intenciones.

Cuando el bebé se durmió, Isabel lo colocó con cuidado en la cuna.

Solo entonces su mirada se posó, ligera, en el rostro de Fernando. Sus ojos, antes llenos de ternura, ahora reflejaban una fría calma.

—Fernando Montero, dejando de lado que durante la lactancia la custodia de los hijos le pertenece a la madre, si te demando por adulterio, la parte culpable en el matrimonio debe indemnizar a la inocente. Si no quieres que esto llegue a los tribunales y que la abuela se entere, será mejor que aceptes mis condiciones cuanto antes. Dame la custodia, y te juro que desapareceré de tu vista de inmediato para dejarle el camino libre a tu amada.

Fernando la miró, furioso.

—No tienes ni cómo mantenerte. ¿Crees que el juez está ciego? ¿Que te daría la custodia de los hijos?

Los ojos almendrados de Isabel, de un nítido blanco y negro, lo miraron fijamente.

—¿Acaso crees que el divorcio te libera de tus obligaciones como padre? ¿Piensas que el juez no te ordenará pagar una pensión alimenticia?

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