Andruw Di´Marco.
El ambiente cambió drásticamente, cargándose de una tensión casi palpable. El semblante de Ramsés se desencajó en el acto, Adrián soltó un suspiro pesado y Elizabeth mantuvo sus ojos sobre el recién llegado por un segundo más de lo necesario.
— ¿Y a este quién lo invitó? — preguntó Ramsés, poniéndose a la defensiva.
— Eso no es asunto tuyo — respondió Lucius antes de girarse hacia mí y dedicarme una de esas sonrisas ladinas típicas de él, una que no sabías si era de emoción, burla o amenaza — felicidades por tu hijo y por tu boda. Te deseo que tengas una vida prospera.
Arquee una ceja de inmediato. Lucius Holdings no se caracterizaba por ser la persona más simpática del mundo, así que sus felicitaciones eran… peculiares. Mi expresión de sorpresa aumentó aún más cuando lo vi tomar uno de los ramos de flores que traía su asistente y lo extendió hacia mí.
— Para la novia — ofreció. Tomé el ramo con desconfianza, notando que entre las flores traía pequeñas cajitas de joyerías de marcas reconocidas — un pequeño obsequio por tener los ovarios para aguantar a un Di´Marco. Se llevó lo peorcito de la mafia.
Y ahí estaba, sus comentarios burlones e irritantes, pero, aun así, no pude evitar esbozar una sonrisa mientras agradecía. A pesar de ser un egocéntrico de m****a, el tipo había demostrado ser un buen amigo, aunque sus modos no fueran los mejores.
Luego de recibir mi agradecimiento, Lucius tomó el otro ramo y se giró hacia Elizabeth, entregándoselo con una de sus clásicas sonrisas de superioridad.
— Y por supuesto, no podía faltar un pequeño detalle para la principessa de la familia — dijo, guiñándole un ojo, provocando que Elizabeth desviara la mirada mientras un leve sonrojo comenzaba a teñir sus mejillas.
Noté el segundo exacto en que la sonrisa de Lucius se ensanchó. Justo antes de recomponer su actitud cínica, desabrocharse el saco con un gesto arrogante y sentarse en el sofá como si fuera el jodido dueño del mundo.
— Esa mujer tiene agua en las venas en lugar de sangre. El pequeño es todo un Di´Marco — dijo, con la mirada fija en Liam — al menos Aiden es más Holdings que Di´Marco. Lástima que Adrianita si heredo los genes de su padre.
— Yo también estoy feliz de verte, cuñado — respondió Adrián con ironía ante el comentario sobre el parecido entre él y su hija. Lucius solo sonrió.
— ¿Sabes quién no estará tan feliz de verte cuando regrese? Sharon — aseguró Lucius, Adrián tragó grueso — espero que la casa del perro sea cómoda, porque se convertirá en tu hogar en el momento en que mi hermana sepa que uno de sus mejores amigos se ha casado y no le mencionaste nada al respecto.
Se recostó un poco del sofá, con esa expresión de quien disfruta de ver el mundo arder.
— Sharon entenderá — intervino Elizabeth, acercándose para entregarme al bebé — ¿puedes sostenerlo? Iré a colocar las flores en agua.
— Yo lo cuido — ofreció Lucius antes de que yo pudiera tomar a Liam en brazos. Elizabeth dudo, dedicándome una mirada interrogativa, yo solo asentí, permitiendo que Liam fuera entregado a Lucius. Para sorpresa de todos, Liam no lloro, al contrario, miraba a Lucius con curiosidad.
— Genial, ¿Por qué con él no llora? — se quejó Ramsés, cruzándose de brazos.
— Porque el pequeño Di´Marco ya ha elegido bando. ¿Verdad, bodoque? — respondió Lucius, el bebé soltó pequeñas carcajadas cuando Lucius comenzó a hablarle y a hacerle monerías. Adrián y yo lo observamos sorprendidos por la actitud que el demonio de la mafia tomaba con el pequeño.
El encanto duro poco, apenas noto nuestras miradas, Lucius carraspeó y recupero su semblante serio, pero al menos mantuvo a Liam sobre su regazo.
— Bien, como imaginaran, mi visita no es puramente social — comenzó. Adrián y yo fruncimos el ceño e intercambiamos una mirada significativa, ambos sabíamos que la presencia de Holdings aquí solo significaba que la tormenta estaba mucho más cerca de nosotros de lo que imaginábamos.
— ¿Qué sabes? — Adrián fue directo al grano.
— Lo suficiente — respondió Lucius, comenzando a mover la pierna arriba y abajo, meciendo a Liam — Si Ali está en nuestro territorio, es porque viene con todo. Él no juega, y puedo apostar que está aquí buscando venganza.
— ¿Cómo estas tan seguro? — intervine.
— Porque Ali Haddad fue el hombre que, por su ambición, me entrego a su hermana menor como esposa. Solo para tener la potestad de poner sus garras en mis negocios.
— ¡¿Tienes esposa?!


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo