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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 32

Andruw Di´Marco.

El ambiente cambió drásticamente, cargándose de una tensión casi palpable. El semblante de Ramsés se desencajó en el acto, Adrián soltó un suspiro pesado y Elizabeth mantuvo sus ojos sobre el recién llegado por un segundo más de lo necesario.

— ¿Y a este quién lo invitó? — preguntó Ramsés, poniéndose a la defensiva.

— Eso no es asunto tuyo — respondió Lucius antes de girarse hacia mí y dedicarme una de esas sonrisas ladinas típicas de él, una que no sabías si era de emoción, burla o amenaza — felicidades por tu hijo y por tu boda. Te deseo que tengas una vida prospera.

Arquee una ceja de inmediato. Lucius Holdings no se caracterizaba por ser la persona más simpática del mundo, así que sus felicitaciones eran… peculiares. Mi expresión de sorpresa aumentó aún más cuando lo vi tomar uno de los ramos de flores que traía su asistente y lo extendió hacia mí.

— Para la novia — ofreció. Tomé el ramo con desconfianza, notando que entre las flores traía pequeñas cajitas de joyerías de marcas reconocidas — un pequeño obsequio por tener los ovarios para aguantar a un Di´Marco. Se llevó lo peorcito de la mafia.

Y ahí estaba, sus comentarios burlones e irritantes, pero, aun así, no pude evitar esbozar una sonrisa mientras agradecía. A pesar de ser un egocéntrico de m****a, el tipo había demostrado ser un buen amigo, aunque sus modos no fueran los mejores.

Luego de recibir mi agradecimiento, Lucius tomó el otro ramo y se giró hacia Elizabeth, entregándoselo con una de sus clásicas sonrisas de superioridad.

— Y por supuesto, no podía faltar un pequeño detalle para la principessa de la familia — dijo, guiñándole un ojo, provocando que Elizabeth desviara la mirada mientras un leve sonrojo comenzaba a teñir sus mejillas.

Noté el segundo exacto en que la sonrisa de Lucius se ensanchó. Justo antes de recomponer su actitud cínica, desabrocharse el saco con un gesto arrogante y sentarse en el sofá como si fuera el jodido dueño del mundo.

— Esa mujer tiene agua en las venas en lugar de sangre. El pequeño es todo un Di´Marco — dijo, con la mirada fija en Liam — al menos Aiden es más Holdings que Di´Marco. Lástima que Adrianita si heredo los genes de su padre.

— Yo también estoy feliz de verte, cuñado — respondió Adrián con ironía ante el comentario sobre el parecido entre él y su hija. Lucius solo sonrió.

— ¿Sabes quién no estará tan feliz de verte cuando regrese? Sharon — aseguró Lucius, Adrián tragó grueso — espero que la casa del perro sea cómoda, porque se convertirá en tu hogar en el momento en que mi hermana sepa que uno de sus mejores amigos se ha casado y no le mencionaste nada al respecto.

Se recostó un poco del sofá, con esa expresión de quien disfruta de ver el mundo arder.

— Sharon entenderá — intervino Elizabeth, acercándose para entregarme al bebé — ¿puedes sostenerlo? Iré a colocar las flores en agua.

— Yo lo cuido — ofreció Lucius antes de que yo pudiera tomar a Liam en brazos. Elizabeth dudo, dedicándome una mirada interrogativa, yo solo asentí, permitiendo que Liam fuera entregado a Lucius. Para sorpresa de todos, Liam no lloro, al contrario, miraba a Lucius con curiosidad.

— Genial, ¿Por qué con él no llora? — se quejó Ramsés, cruzándose de brazos.

— Porque el pequeño Di´Marco ya ha elegido bando. ¿Verdad, bodoque? — respondió Lucius, el bebé soltó pequeñas carcajadas cuando Lucius comenzó a hablarle y a hacerle monerías. Adrián y yo lo observamos sorprendidos por la actitud que el demonio de la mafia tomaba con el pequeño.

El encanto duro poco, apenas noto nuestras miradas, Lucius carraspeó y recupero su semblante serio, pero al menos mantuvo a Liam sobre su regazo.

— Bien, como imaginaran, mi visita no es puramente social — comenzó. Adrián y yo fruncimos el ceño e intercambiamos una mirada significativa, ambos sabíamos que la presencia de Holdings aquí solo significaba que la tormenta estaba mucho más cerca de nosotros de lo que imaginábamos.

— ¿Qué sabes? — Adrián fue directo al grano.

— Lo suficiente — respondió Lucius, comenzando a mover la pierna arriba y abajo, meciendo a Liam — Si Ali está en nuestro territorio, es porque viene con todo. Él no juega, y puedo apostar que está aquí buscando venganza.

— ¿Cómo estas tan seguro? — intervine.

— Porque Ali Haddad fue el hombre que, por su ambición, me entrego a su hermana menor como esposa. Solo para tener la potestad de poner sus garras en mis negocios.

— ¡¿Tienes esposa?!

Liam comenzó a reír a carcajadas mientras Lucius le hablaba y le hacía cosquillas en la barriga. El pequeño parecía muy cómodo entre los brazos de uno de los mafiosos más peligrosos del mundo. Lo que resultaba bastante entretenido. ¿Quién pensaría que un hombre como Lucius tendría ese talento con los niños?

— La única persona que se me ocurre que pueda tener algo contra mí es Melisa, mi ex esposa. Del resto no creo tener más enemigos — respondí. Lucius dejó escapar un suspiro de aparente cansancio.

— ¿Por qué siempre tiene que haber una ex pareja loca en la ecuación? — paso una de sus manos por su cabello, peinándolo hacia atrás — ordenare que investiguen a la mujercita. Y tú, Andruw, investiga un poco del pasado de tu esposa. Necesitamos descartar que ella posea sus propios esqueletos en el armario.

Asentí, mientras ya los engranajes de mi cabeza comenzaban a funcionar, trazando el camino que debería seguir de ahora en adelante. De pronto, cuando estaba sumamente concentrado en mis pensamientos, Lucius esbozó una de esas sonrisas arrogantes que tanto erizaban la piel.

— Aunque por ahora, lo mejor es dejar de perseguir fantasmas y concentrarnos en algo mucho más real e importante — fruncí el ceño sin entender exactamente a qué se refería hasta que, con un simple gesto de cabeza, me indicó que mirara hacia las escaleras. Ni siquiera lo había hecho aun cuando mi corazón comenzó a latir desenfrenado, preso de una emoción incontrolable que aún no lograba comprender del todo.

Fue como si los nervios regresaran a mí en oleadas devastadoras. Sentí como las palmas de las manos comenzaron a sudarme otra vez, cerré y abrí los puños en varias ocasiones como un intento vano de recuperar, de nuevo, el control sobre mí mismo.

Cuando finalmente me giré para enfrentarme a mi futuro, me quedé sin aliento.

Allí, en lo alto de la escalera, estaba Scarlett. Vestida de blanco, iluminada por la luz que se filtraba por los ventanales. Tan etérea y perfecta que parecía irreal.

El resto del mundo dejó de existir para mí. Todo se resumió a ese instante en que nuestros ojos se encontraron. En el instante en que esa sonrisa tímida surcó sus labios y la alegría, una demasiado real, demasiado pura, ilumino sus ojos verdes.

No pensé. No calcule. El mundo se detuvo. Los segundos se hicieron eternos. Y yo, el hombre que nunca espera, comencé a subir los escalones sin pensar. Ella sonrió. Tímida. Hermosa.

— ¿Qué haces? — preguntó en un susurro.

— Lo que he debido hacer desde el principio — respondí, tomando su mano —. Subir a buscarte.

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