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Dr. Arrogante me convertí en la madre de su hijo romance Capítulo 35

Scarlett Valenti.

Atravesamos el pasillo en silencio, esquivando sonrisas y saludos. Los pasos de mi esposo eran largos y seguros, mientras los míos eran más cortos y más rápidos, intentando mantener el ritmo.

Cuando llegamos a la puerta del despacho, Andruw la abrió y se apartó para dejarme pasar primero. El ambiente dentro era diferente al del salón. Más pesado. Más íntimo.

Andruw cerró la puerta tras de sí. El click del pestillo resonó en el silencio, provocando que el ritmo de los latidos de mi corazón se volviera frenético. Anticipando lo que vendría.

— ¿Andruw? — pronuncié su nombre, y mi voz salió más pequeña de lo que pretendía.

Él no respondió de inmediato. Se dirigió hacia el escritorio, tomó una carpeta de cuero oscuro que descansaba sobre la superficie y la extendió hacia mí, ofreciéndomela. Me miró, y en sus ojos había algo que no sabía descifrar. ¿Seriedad? ¿Determinación? ¿Una mezcla de ambas? No lo sabía y no estaba segura de querer descubrirlo.

— El contrato nos unió a ti y a mí, Scarlett… — dijo, mientras me entregaba la carpeta con una solemnidad escalofriante — pero esto es lo que realmente importa.

Mis dedos temblaron al tomar la carpeta. La abrí, sintiendo el peso de lo que esto realmente significaba. Entonces, leí lo que más importaba del documento:

«Liam Joseph Di´Marco Valenti»

Un nombre. Un apellido, que no estaban allí antes. Que lo hacían tan suyo como mío.

La nueva identidad de mi hijo ocupaba la parte superior del papel, el nombre escrito con una caligrafía impecable, como si cada letra hubiese sido pensada, acariciada, deseada.

Tragué grueso. Mi corazón dio un vuelco.

— El reconocimiento oficial de paternidad — dijo Andruw, como si leerlo no fuera suficiente para entender lo que era. Su voz fue sorprendentemente suave, casi tierna —. Con esto Liam será un Di´Marco ante la ley. Ante el mundo. Ante cualquiera que intente hacerle daño.

Mis ojos recorrieron el documento. Cada párrafo, cada sello, cada espacio en blanco esperando nuestras firmas. Mis manos temblaron, no de miedo, de algo mucho más grande que no sabía cómo contener.

— Firma tú primero — pidió Andruw, mientras me extendía una pluma estilográfica que sacó del bolsillo interno de su saco —. Dale tu permiso para ser un Di´Marco.

Levanté la mirada. Busqué en sus ojos la trampa, el cálculo. La segunda intención. No encontré nada de eso. Solo un hombre esperando, con una paciencia que muy poco le conocía, a que yo diera el primer paso.

Tragué saliva. Tomé la pluma y firmé. Sabiendo que con esto le estaba dando un escudo a mi hijo. Un legado. Algo mucho más profundo y significativo de lo que yo, por mí misma, podría darle.

Capítulo 35: El peso de un apellido. Parte 2. 1

Capítulo 35: El peso de un apellido. Parte 2. 2

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