Scarlett Valenti.
El “al menos por ahora” resonó en mi cabeza mientras los aplausos se disipaban y la realidad comenzaba a filtrarse de nuevo en mi cuento de hadas. Pero no iba a permitir que el miedo a lo que pudiera venir arruinara esto. Porque, por primera vez en mucho tiempo, quería vivir el presente sin tener que preocuparme por el futuro.
Lo que siguió fue un borrón rápido, el juez nos entregó el bolígrafo para firmar el acta que nos convertía oficialmente en marido y mujer. Y puedo jurar que el beso de Andruw aún hormigueaba sobre mis labios cuando firmé la línea punteada donde brillaba mi nombre.
Andruw por su parte firmó con una firmeza envidiable, como si no tuviera dudas de que estaba haciendo lo correcto al unir su vida a la mía.
Luego siguieron los testigos: Elizabeth, aún con lágrimas en los ojos y un adorable puchero que no se borró ni siquiera cuando abrazó a Andruw como si fuera su pequeño hermanito quien acababa de casarse. Un segundo después, Adrián tomó la pluma y estampó su firma en el acta, una sonrisa cargada de picardía nació en sus labios mientras felicitaba a Andruw y le daba un par de palmaditas en la espalda.
Mi corazón se aceleró en el instante en que el juez cerró el libro, ese que asentaba la evidencia de que esto era real, demasiado real. Andruw entrelazó sus dedos con los míos, justo antes de cortar la poca distancia que nos separaba, su calor se mezcló con el mío en el instante en que sentí su pecho rozar mi hombro, siendo repentinamente consciente de la altura que poseía, haciéndome sentir pequeña y vulnerable a su lado.
— No te vayas — pidió de pronto, su voz fue un susurro apenas audible cuando sus labios se posaron sobre mi sien. Mi corazón pareció olvidar cómo latir de forma regular. Y una sonrisa tonta nació en mis labios cuando levante la mirada para encontrar la de mi ahora esposo.
«Esposo»
La palabra hizo eco en mi cabeza. Tan irreal. Tan maravillosa. Por un instante permanecimos así: perdiéndonos en los ojos del otro, como si el mundo hubiese dejado de existir y solo importáramos nosotros.
Apenas noté cuando alguien tomó una fotografía. Supongo que algún fotógrafo contratado por Andruw, no me molesté en averiguarlo, mi esposo tampoco pareció interesado en hacerlo, como si mirarme de la forma en que lo hacía fuera la misión más importante de su vida.
En un impulso, extendí mi mano hasta que mis dedos acariciaron la mejilla de Andruw. Él cerró los ojos un instante, como si deseara disfrutar del contacto.
— No pienso ir a ninguna parte — respondí finalmente, y Andruw esbozó una sonrisa que rivalizaba con la mía, sus manos se deslizaron por mis costados hasta posarse en mi cintura, sujetándome con firmeza mientras me acercaba aún más a su cuerpo. Sus labios una vez más devoraron los míos, el momento quedó inmortalizado en el instante en que el fotógrafo tomó una nueva fotografía.
Andruw no tardó demasiado en sujetarme con más fuerza, un segundo después me hizo girar hasta inclinarme, quedando suspendida entre el suelo y su posición. Sus labios no abandonaron los míos ni por un segundo, sentí su sonrisa contra mi boca en el instante en que los aplausos y los silbidos estallaron de nuevo.
Me sostuvo así durante un momento que se sintió eterno y cuando enderezó nuestra postura, su mano se mantuvo posada con suavidad sobre la parte baja de mi espalda. Comenzamos a recorrer el salón, él guiándome como si sintiera la necesidad de mostrarme lo que era realmente su mundo.
— Mantén la cabeza en alto, señora Di´Marco — me susurró al oído, su aliento cálido chocando contra la piel de mi cuello, erizándola. En ese instante su voz recuperó ese tono de mando que me recordaba quién era él fuera de nuestra burbuja —. Es hora de que vean quién manda en esta casa.
Caminamos entre los invitados, eran pocos, pero había algunas miradas curiosas y severas que me recorrían sin pudor. Andruw me presentó a los Doctores Richards y Hopkins, miembros de la junta directiva de Di´Marco Health Institute, la clínica de Andruw. Lo cual me sorprendió, ya que él mismo había dicho que nuestra relación no sería publica, al menos por ahora. ¿Acaso habría cambiado de opinión? No lo sabía, pero este no era el momento para averiguarlo
Luego siguieron los rostros más familiares: Adrián, el primo de Andruw y quien había sido parte de mi rescate el día anterior. Ramsés, el abogado que aún me miraba con cierta desconfianza y Lucius Holdings, el hombre que parecía estar fascinado cuidado de Liam.
Debo admitir que fue agradable el recibimiento que me dieron, lleno de una calidez que realmente me hacía sentir parte de esta familia. Y eso fue suficiente para darme un respiro, un momento de calma en medio de la presión que sentía.

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