—Tranquilo, yo me hago responsable de mi esposa —dijo Demian mirando directo a Saúl, con la mirada firme, sin un atisbo de duda ni de querer evadir el asunto.
Como Regina estaba ahí presente, Saúl prefirió no seguir con el tema. Su actitud cambió por completo; sus ojos se suavizaron al mirar a Regina. Se despidió de ella, no sin antes recordarle varias veces que, si necesitaba cualquier cosa, debía avisarle de inmediato. Solo después de eso, Saúl se marchó del hospital.
Una vez que Saúl salió, Demian también se despidió de Óscar y, acompañado de Regina, regresó a casa.
Regina, aunque seguía inquieta por Isabella, ya no podía con el cansancio. Desde la subasta no había parado: si no andaba corriendo de un lado a otro, estaba lidiando con problemas. Ni siquiera había podido descansar como se debe, y sentía que su cuerpo ya no iba a poder aguantar más si seguía así.
Al llegar a la casa junto con Demian, él no le pidió nada más. Notando su agotamiento, la dejó descansar y fue a encargarse de otros asuntos pendientes.
Regina se fue directo a su habitación. Demian, por su parte, entró al estudio para trabajar un poco.
El cansancio era tanto que Regina ni tuvo tiempo de pensar en más cosas. Se lavó la cara, se puso la pijama y se metió a la cama. Apenas sintió la suavidad de las sábanas, se quedó dormida, con la sensación de que ese sueño le duraría toda la vida.
Despertó al día siguiente, cuando la luz de la mañana ya se colaba por la ventana. Se sentía como si hubiera estado dormida por siglos. Giró la cabeza y miró hacia el otro lado de la cama: Demian no estaba ahí.
Un vacío inexplicable se apoderó de ella. Frunció el ceño, preguntándose qué significaba esa ausencia. ¿Acaso tenía que ver con la otra mujer? ¿Será que Demian, por esa mujer, ya ni quería acercarse a ella?
Regina dejó escapar una risa de esas que esconden más tristeza que humor. Quiso pensar en el asunto un poco más, pero se dio cuenta de que, a esas alturas, ya no quedaba mucho por analizar. Tarde o temprano, tendrían que hablar claro sobre ese tema.
Permaneció unos minutos en la cama antes de levantarse. Bajó las escaleras con paso lento, mientras abajo Demian estaba sentado en el sofá, concentrado en una tableta. Estaba en medio de una conversación de voz con alguien, hablando de negocios o algo importante. Tan metido estaba, que ni se percató de la presencia de Regina bajando.

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