—Esto es como lo de antes, cuando los guardias de las caravanas protegían los cargamentos, ¿no? —comentó Oriana, intrigada.
Regina asintió con una leve sonrisa.
—Para dedicarse a esto hay que tener reflejos rápidos, saber defenderse, reaccionar en cualquier situación y, sobre todo, cuidar lo que llevas más que a ti misma. Zoe es increíble en todos esos aspectos. Además, nosotras, las mujeres, solemos ser más detallistas que muchos hombres, así que ella se ha hecho muy famosa en este campo.
Oriana asintió de nuevo, claramente impresionada.
—Se nota, la verdad. Da la impresión de ser muy capaz.
En ese momento, Zoe regresó tras haber guardado sus cosas y se unió a la conversación.
—¿De qué platican? —preguntó, mirándolas con curiosidad.
—De ti —contestó Regina, soltando una carcajada—. Oriana dice que eres bien ruda, que se sorprende de que seas mujer.
Zoe arqueó una ceja, divertida.
—Hay mujeres mucho más capaces que varios inútiles por ahí. Mira a Regi, también es mujer y me da mil vueltas.
—¡Eso sí lo apoyo! —exclamó Oriana, riéndose.
—¿Verdad que sí? Ella siempre ha sido fregoncísima, y además es un pan de Dios.
Zoe se recargó en el marco de la puerta, sacó una cajetilla y extrajo dos cigarrillos. Luego, ofreciéndolos a las otras dos, preguntó:
—¿Quieren uno?
—No, gracias —rechazó Regina con una sonrisa.
—Yo ni sé fumar —negó Oriana, sacudiendo la cabeza.
Zoe no se molestó, encendió su cigarro y les preguntó:
—No tienen bronca si fumo, ¿verdad?
—Haz lo que quieras —le respondió Regina de lo más relajada.
Las tres se quedaron un rato afuera de la puerta. Zoe fumaba tranquila, mientras Regina platicaba con ella de cosas sueltas. Oriana, por su parte, se mantenía callada, escuchando sin interrumpir, como si disfrutara del ambiente.
Cuando Zoe terminó su cigarro, se despidió de Regina con un gesto y luego saludó a Oriana con una mano en alto.

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