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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 1013

Con la ayuda de Oriana, Regina había logrado empacar varias de sus pertenencias más valiosas.

Cada objeto que guardó en las cajas tenía un valor incalculable, así que, naturalmente, también se esmeraron en el empaque para protegerlos al máximo.

Oriana, mientras observaba todos esos artículos tan elegantes y costosos, no pudo evitar soltar un suspiro de asombro.

—Todo esto se ve carísimo. ¿Vas a regalar todo esto?

—Algunas cosas son para regalar, pero también hay otras que estoy enviando por encargo de otras personas —explicó Regina con una sonrisa tranquila.

—Con tantas cosas tan valiosas, ¿sí te animas a mandarlas en un envío común y corriente? —preguntó Oriana, mirando con preocupación los paquetes. Solo de imaginar que algo se extraviara, ya la ponía nerviosa.

Sobre todo porque, con ese valor, ni la misma empresa de mensajería podría cubrir la pérdida.

—Tienes razón, por eso no uso ningún servicio de mensajería normal —Regina soltó una risita—. Hay compañías especializadas para este tipo de entregas, y también personas entrenadas que se encargan exclusivamente de estos envíos.

Cuando terminaron de acomodar todo, Regina invitó a Oriana a sentarse a descansar un rato.

—No debe tardar mucho en llegar.

—Entonces esperemos un poco —comentó Oriana, todavía intrigada.

—¿Quién viene? —se animó a preguntar al cabo de unos segundos—. ¿La persona que recolecta los paquetes?

Regina asintió.

—Exacto, es una repartidora que se especializa en este tipo de entregas.

—Qué interesante, ni sabía que existía gente dedicada solo a eso. Pero si se llegara a perder algo, ¿quién lo paga? —Oriana hizo una mueca—. ¿Quién podría con semejante responsabilidad?

—Ellos nunca pierden un paquete —Regina curvó los labios en una media sonrisa—. Y si llegara a pasar, esa persona no lo contaría. Son muy profesionales y tienen muchísima experiencia. Hasta ahora, el grupo para el que trabaja jamás ha extraviado nada.

—¿En serio? —Oriana abrió los ojos de la sorpresa, completamente intrigada.

Mientras platicaban, se sirvieron una bebida y apenas iban por la mitad cuando alguien llegó.

El sonido de un motor potente anunció la llegada: una chica bajó de un carro negro, de esos todoterreno que imponen presencia. Se veía increíble: llevaba una sudadera negra, el cabello corto y perfectamente peinado, y su cara tenía un atractivo difícil de ignorar.

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