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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 899

Romeo resultó ser mucho más accesible de lo que todos pensaban. Cuando el grupo se dio cuenta de que, si no elegían a Salomé, Romeo no se molestaría, varios terminaron escogiendo a Regina.

Y así, la partida entre Regina y Salomé comenzó.

Ambas parecían tranquilas y seguras de sí mismas, como si la tensión de estar rodeadas de espectadores no las tocara en lo más mínimo. El ambiente se llenó de susurros y comentarios, pues la destreza de las dos dejó a todos sorprendidos.

—¡Qué impresionante! Ni siquiera alcancé a reaccionar y la señorita Beltrán ya parecía saber qué cartas llevaba la otra en la mano —comentó alguien, asombrado.

—Y la señorita Jiménez tampoco se queda atrás. Apenas estoy entendiendo lo que pasa y ella ya sacó otra jugada.

—¡Caray! La velocidad para jugar y responder de estas dos está fuera de mi liga —soltó otro, resignado.

—No puedo seguirles el ritmo, pero parece que están igual de fuertes.

—No, no, no, yo siento que esta de aquí tiene una ventaja —reviró uno más, inclinando la cabeza hacia el lado de Regina.

—¿De qué hablas? Obvio la señorita Beltrán es la más fuerte. Ella aprendió con el rey de las apuestas, ¿sabías? Dicen que desde niña ya era toda una leyenda en las mesas.

—Regina tampoco es cualquier cosa. Puede que no tenga un maestro famoso, pero sé que en Las Vegas la vetaron de todos los casinos.

—¿En serio? ¿Por qué?

—Porque ganaba demasiado.

—En Las Vegas, ningún casino, grande ni chico, la deja entrar.

—Eso sí, si llega a ir, todos se portan bien con ella. Dicen que prefieren regalarle efectivo antes de dejarla jugar, porque así pierden menos que si la dejan sentarse en la mesa.

—¿A poco es para tanto? ¡Qué exageración!

El murmullo se extendió por toda la sala, mezclando asombro y escepticismo. Pero algunos aseguraban con la cabeza que todo era cierto.

Romeo, por su parte, percibió claramente la conversación a su alrededor. Con una mirada reflexiva, se volvió hacia Violeta, que estaba a su lado.

—Lo que dicen, me recuerda un poco a cómo eras tú en tus mejores épocas —le soltó con una media sonrisa.

—¿De verdad? —Violeta no apartaba la mirada de Regina. No sabía por qué, pero no podía dejar de observarla.

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