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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 904

El crupier comenzó a repartir las cartas.

Esta vez, la multitud no organizó ninguna apuesta paralela; en cambio, todos estaban atentos, siguiendo la partida con seriedad.

Regina, una vez más, parecía estar tocada por la suerte. Sus cartas eran increíbles, pero ella no dejó ver ni una pizca de emoción en su cara. Mantuvo una expresión tranquila, sin dar pistas. El resto de los presentes, aunque asombrados por la mano que tenía, se esforzaron por no mostrar sus emociones.

Al mirar sus propias cartas, el rostro de Salomé reflejó su incomodidad. No le fue nada bien en esa ronda. Siempre había tenido buena suerte, pero, por alguna razón, cada vez que se enfrentaba a Regina, sentía que su fortuna desaparecía. Levantó la mirada, tratando de descifrar las cartas de Regina con solo observarla.

Se concentró en analizar la expresión de Regina, pero resultó imposible. Regina no era como los demás, no dejaba filtrar ninguna señal. Desde el inicio hasta el final, mantenía la misma expresión neutral, imposible de descifrar si iba ganando o perdiendo.

Romeo la observó y notó enseguida que Salomé ya no tenía control sobre sus emociones.

—No debería seguir —comentó Romeo, mirando la mesa con seriedad.

Violeta asintió, compartiendo la opinión de Romeo.

—Salomé se desesperó por ganar. Todavía le falta experiencia para manejar la presión.

Romeo meditó un poco antes de hablar de nuevo.

—¿Será nuestra culpa que esté tan nerviosa?

—En el casino, no importa quién esté frente a ti, nunca hay que perder la calma —suspiró Violeta.

—No pasa nada, solo estamos jugando —Romeo sonrió, intentando restarle importancia—. Si pierde, tampoco es el fin del mundo.

Violeta volvió a asentir, aunque en el fondo compartía la preocupación.

La partida entre Regina y Salomé se volvió el centro de atención de todo el casino. Los presentes se apretujaban alrededor de la mesa, sin querer perderse ni un solo movimiento. El duelo entre ambas despertó admiración y comentarios entre la gente. Hacía mucho que no presenciaban un enfrentamiento tan emocionante y reñido.

La tercera ronda no tardó mucho en resolverse. Salomé intentó todo tipo de estrategias, pero al final no le sirvieron de nada: terminó perdiendo por completo.

Cuando Regina mostró sus cartas, sonrió con confianza.

—Señorita Beltrán, ¿va otra? Si sigue así, en serio va a perderlo todo.

Salomé estaba a punto de explotar de la rabia.

Aitana, que ya no podía quedarse callada, preguntó con voz preocupada:

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