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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 907

—Nuestra Regi es buenísima, ¿cómo pueden decir que va a perder si ni siquiera ha empezado? —Oriana, al escuchar que todos a su alrededor menospreciaban a Regina, no pudo contenerse y les respondió al instante, con el enojo pintado en la voz.

—Sí, es cierto, nuestra señora es increíble, ella no va a perder —agregó Pablo, con una confianza absoluta en Regina. Para él, no existía la posibilidad de que Regina saliera derrotada.

—Eso no se puede asegurar —intervino otra voz entre la multitud—. Sabemos que quieren que la señorita Jiménez gane, pero deberían ver quién es su contrincante.

—¡Es el señor Beltrán! ¡Nada más y nada menos que el famosísimo señor Beltrán!

—Ese señor Beltrán es de temer, no cualquiera puede vencerlo.

—Los jóvenes de ahora no entienden, pero los que sabemos, no apostamos en su contra.

—No deberían competir, es imposible que le gane —sentenció otro, moviendo la cabeza.

Uno tras otro, todos alrededor no dejaban de lanzarse comentarios. El ambiente se llenaba de murmullos y pequeñas carcajadas, como si la derrota de Regina ya estuviera escrita.

Oriana, molesta y sin dudarlo, alzó la voz:

—¿Ah sí? Pues a ver, ¿quién se anima a apostar conmigo? Vamos a ver quién gana de verdad.

—¡Va! ¡Aceptamos la apuesta! ¿Y quién tiene miedo aquí? —respondió otro, con tono desafiante.

—Eso, apostemos, seguro que Romeo va a ganar. ¿Cómo va a poder una muchacha enfrentarse a un experto de verdad?

Las voces se mezclaban, cada vez más convencidas de que Romeo era invencible, que Regina apenas y podía compararse con alguien tan experimentado. Oriana y Pablo, por supuesto, no compartían esa opinión y la indignación se les notaba en la cara.

—¿Cuánto le van a poner? —preguntó Oriana, entre dientes—. Pero nada de llorar cuando pierdan.

—Tú tranquila, no vamos a perder. Nosotros confiamos en el señor Beltrán.

En ese momento, Romeo, que hasta entonces había escuchado en silencio, levantó la cabeza y habló con serenidad:

—No sé quién va a ganar o perder, así que, si van a apostar, háganlo con cabeza.

—Ay, señor Beltrán, ¿cómo dice eso? Nosotros le tenemos toda la confianza.

—Y pase lo que pase, gane o pierda, nadie va a reprocharle nada.

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