Regina terminó yendo al bar. Siguiendo las pistas que le dio el mesero, caminó hasta la barra.
Ahí, justo como se lo habían dicho, vio a Enzo Heredia.
Regina lo miró de frente.
—¿Fuiste tú quien me llamó para que viniera?
Había pasado ya un buen tiempo desde la última vez que se cruzó con Enzo. Tanto, que casi se había olvidado de su existencia. Jamás imaginó que de repente él la contactaría y, menos aún, que la invitaría a salir a tomar algo.
Después de su renacimiento, Regina le había salvado la vida a Enzo. Y esta vez no permitió que Aitana se metiera para hacerse pasar por la salvadora.
Enzo, después de aquello, le hizo llegar algunos regalos en varias ocasiones.
Sin embargo, Regina no se involucró mucho con él y la mayoría de esas cosas las devolvió sin dudarlo.
Lo había ayudado solo porque pudo, sin querer involucrarse más de lo necesario. Tampoco le apetecía tener demasiada relación con Enzo.
Además, Demian y Enzo se consideraban rivales.
Por eso, Regina tenía muy claro que no planeaba hacerse amiga de Enzo.
—Sí, fui yo quien te pidió que vinieras —respondió Enzo. Tomó una copa de cóctel, la deslizó por la barra y la puso frente a Regina—. Yo preparé esta. ¿Te animas a probar?
Regina echó un vistazo a la copa, la tomó sin apuro y le dio un sorbo.
—No está nada mal.
—¿Verdad? Yo también pienso que me quedó bastante bien.
Enzo soltó una sonrisa ligera.
—¿Y para qué querías que viniera? —preguntó Regina, sentándose en una de las sillas altas. Lo miró con cierta sospecha.
—Sabía que estabas por aquí, así que quería platicar contigo un rato.
Enzo se encogió de hombros.
—¿No puedo invitarte una copa, o qué?
Regina lo observó de arriba abajo, con una ceja arqueada.
—Sr. Heredia, usted no es del tipo que invita tragos porque sí, ¿verdad? Si tiene algo que decir, dígalo de una vez. No hay motivo para andarse con vueltas, ¿no cree?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Ángel Guardián a Mi Lado