El movimiento no llamó mucho la atención, así que casi nadie a su alrededor se dio cuenta de lo que pasaba.
Sin embargo, tanto Regina como Enzo sentían esa chispa, como si por fin se enfrentaran a alguien de su mismo calibre.
Regina reaccionó con rapidez, moviéndose ágilmente de un lado a otro, y en cuestión de segundos, ya tenía a Enzo atrapado por el cuello.
Sus manos no eran grandes, pero la fuerza que ejercía resultaba impresionante.
Lo tenía bien sujeto, y su expresión mostraba una frialdad implacable; todo su cuerpo emanaba una especie de aura amenazante, como si la rabia pudiera prenderle fuego al aire.
—Señor Heredia, no tengo el menor interés en pelear contigo.
La voz de Regina cortó la tensión como un cuchillo, seca e inflexible.
—Si sigues diciendo esas tonterías, no me hago responsable de lo que pueda pasar.
—Regi, yo solo quería avisarte por tu bien —aventó Enzo, aparentando estar herido en su orgullo. Aunque tenía el cuello atrapado y el cuerpo rígido, sin moverse, su boca no se quedaba quieta.
—No te pongas así. ¿O qué, tienes miedo de que unas cuantas palabras mías puedan destruir lo que tienes con Demian?
—Si de verdad fuera tan frágil lo de ustedes, entonces no creo que valiera la pena, ¿no te parece? —agregó Enzo, mostrándose sereno, como si nada de esto le afectara.
—Si de verdad fuera así, aunque yo no dijera nada, igual se acabaría. O tal vez, ni siquiera es necesario que intervenga; igual y tú terminas por irte sola, después de todo, Demian te ha ocultado cosas bastante graves.
Regina lo miró con ojos entrecerrados, su mirada era una amenaza en sí misma.
—¿Me estás buscando pleito a propósito?
—¿De verdad crees que voy a caer en tu jueguito?
—Por supuesto que no te vas a enojar, solo digo la verdad. Si tu relación está firme, entonces no tendrías por qué preocuparte… Pero si te molesta tanto, lo más seguro es que ya traías problemas desde antes —reviró Enzo, con una sonrisa torcida.
—¿O me equivoco?
—Tú sabes perfectamente de qué hablo, por eso reaccionas así, ¿no?
—Sabes que lo que digo podría ser cierto. Entonces, señorita Jiménez, ¿qué es lo que te asusta?
—¿Te da miedo que Demian no te quiera? ¿Que seas la única que lo quiere, mientras él ni se da cuenta?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Ángel Guardián a Mi Lado