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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 926

Después de pensarlo un momento, Regina le escribió un mensaje a Demian, donde le contó por encima lo que había pasado la noche anterior, especialmente cómo había ayudado a Enzo.

Sin embargo, decidió omitir los detalles sobre la plática y las copas que compartió con Enzo en el bar, así como la conversación que tuvieron acerca de Demian.

Cuando terminó de escribir el mensaje, soltó un bostezo largo. El cansancio finalmente la alcanzaba.

Así que se fue directo a su cuarto, se lavó la cara y los dientes de manera rápida, y luego se dejó caer en la cama. Cerró los ojos y, en cuestión de minutos, cayó en un sueño profundo.

...

Cuando Regina despertó, la luz del día ya se colaba por la ventana. Oriana seguía dormida, acurrucada entre las sábanas.

Unos golpes en la puerta rompieron el silencio de la mañana. Regina se levantó y abrió la puerta. Afuera estaban algunos de los mismos amigos que la acompañaron en el reservado la noche anterior.

—¿Vamos a desayunar juntos?

—¿Y aprovechamos para seguir platicando sobre el proyecto?

Fue Lucián quien propuso el plan.

—Va, me late —respondió Regina, mirando de reojo a Oriana, que seguía inmersa en el sueño. Tomó un pedazo de papel, garabateó una nota para su amiga y la dejó sobre la almohada antes de salir rumbo al restaurante.

Al sentarse a la mesa, el grupo retomó la conversación de la noche anterior. Había un ambiente animado, lleno de ideas y bromas. Regina, más despierta ahora, escuchaba atenta y sólo intervenía cuando tenía algo importante que aportar, dejando caer uno que otro consejo decisivo que hacía avanzar la discusión.

Fue en ese momento, cuando la puerta del restaurante se abrió y entraron Romeo y Violeta. El simple hecho de verlos provocó que Regina, casi sin pensarlo, levantara la mirada.

La pareja también la vio, y de paso notaron con quién estaba desayunando.

En sus ojos se podía leer una mezcla de sorpresa y curiosidad.

Romeo asintió apenas con la cabeza, a modo de saludo.

Regina, por su parte, lo miró de forma distante, sin devolver el gesto ni mostrar emoción alguna.

Romeo se quedó un poco desconcertado.

—¿Por qué siento que esa muchacha no me traga? —murmuró, mientras se acomodaba en la mesa junto a Violeta.

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