—¿¡Qué clase de mirada es esa!?
Salomé estuvo a punto de explotar de la rabia.
Regina tampoco imaginó que la fueran a confundir, así que por un momento también se quedó pasmada.
—Disculpe, creo que me confundió con alguien más. Yo no soy hija de ellos.
Regina se adelantó a responder antes de que Romeo o los demás pudieran decir algo.
Aquel hombre soltó una carcajada.
—¡Señorita Beltrán, qué ocurrencia la suya! Si usted se parece tanto a la señora Beltrán y al señor Beltrán, ¿cómo podría no ser su hija?
Regina solo se quedó callada.
Ahí estaba, hasta la gente de fuera lo notaba.
Pero sus verdaderos padres no se habían dado cuenta.
Instintivamente, Regina desvió la mirada hacia Romeo y Violeta.
Romeo estaba a punto de decir algo, pero en ese momento Salomé se acercó, se enganchó del brazo de Romeo y dijo con confianza:
—Papá, ¿qué haces aquí?
El hombre que había venido a hablar se quedó completamente helado.
Miró a Romeo, luego a Salomé, y por último de nuevo a Regina.
—¿De veras me equivoqué?
Él nunca había escuchado que Romeo tuviera dos hijas, así que la que estaba colgada de su brazo debía ser la hija legítima.
El hombre se sintió de inmediato muy incómodo, así que se apresuró a disculparse:
—Disculpe, me equivoqué. ¡Fue un malentendido!
—Yo pensé que...
Volvió a mirar a Regina y a Violeta, luego a Salomé, y no lograba entender por qué la hija de ellos no se parecía en nada, y en cambio la chica que él pensó que era su hija, sí tenía aire a los dos.
—No pasa nada —dijo Romeo con tranquilidad—. Hay mucha gente que se parece, a veces eso también es una especie de coincidencia.

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