Oriana estaba a punto de romper en llanto. Llorando y furiosa, no dejaba de insultar a Óscar mientras le exigía que hiciera todo lo posible para salvar la vida de Isabella Sorio.
—Si a Isa le pasa algo, nunca te lo vamos a perdonar, Óscar, ¡escúchame bien!
Regina, en cambio, se mostraba más serena. Se tomó un momento para escuchar lo que sucedía, le hizo a Óscar todas las preguntas necesarias para aclarar la situación y luego le ordenó que no apartara la vista de Isabella, que hiciera lo que fuera necesario para mantenerla con vida.
Ella ya se hacía una idea general de lo que estaba ocurriendo con Isabella, aunque admitía que, sin estar presente, no podía confirmar todos los detalles. Además, aunque fuera necesario operar, estaba consciente de que sería una cirugía tremendamente riesgosa.
—Solo yo puedo hacerlo —pensó, con la determinación fría de quien se sabe imprescindible—. No confío en el equipo médico de Óscar, si tuvieran la experiencia suficiente, él no me habría llamado pidiéndome ayuda.
—¿En cuánto tiempo puedes llegar? —le preguntó Óscar desde el otro lado de la línea, esforzándose por no dejarse llevar por la desesperación.
—No lo sé, pero me voy a apurar —respondió Regina, con voz cortante—. Haz exactamente lo que te diga, y hasta que yo llegue, Isa debe seguir respirando, ¿me oíste?
Para ella, mientras Isabella siguiera con vida, aunque fuera apenas, todavía había esperanza. Si llegaba y ya no había nada que hacer, todo sería en vano.
La situación era crítica, pero mientras más grave se volvía, más fría y lúcida parecía Regina. En cuanto colgó con Óscar, comenzó a marcar otros números, uno tras otro, contactando a varias personas clave. No perdió ni un segundo y solo después de terminar todas sus llamadas, por fin dejó el teléfono.
Oriana seguía limpiándose las lágrimas, sin poder calmarse, mientras veía a Regina moverse con velocidad y precisión, guardando lo indispensable en una maleta.
Cuando Regina estuvo lista, Oriana terminó por reaccionar.
—Regi, ¿qué vamos a hacer ahora? ¿Vas a buscar a Isa? ¡Voy contigo!
—Allá es muy peligroso —le contestó Regina con firmeza—. No es el momento para que vayas. Aquí necesito que me ayudes con varias cosas. Si la cirugía de Isa sale bien, vas a ser fundamental para recibirla y coordinar todo desde este lado.
Su serenidad imponía respeto. Oriana, aunque seguía temblando por dentro, logró tranquilizarse un poco gracias a ella.

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