—¡Todos, agáchense y cúbranse la cabeza!
Regina gritó usando su idioma, dirigiéndose a la multitud a ambos lados.
La gente entendió de inmediato. Se agacharon cubriéndose la cabeza, sin atreverse a resistirse, sólo levantando la mirada con nerviosismo hacia donde estaba Regina.
Sus ojos reflejaban pura incertidumbre. Después de todo, Regina iba vestida de lo más casual, con un conjunto deportivo, y además era tan atractiva que no parecía tener nada de amenazante.
Pero nadie imaginaba lo peligrosa que podía ser, ni que sus acompañantes también fueran tan hábiles.
¿Quiénes eran realmente estas personas?
Todos murmuraban entre sí, intentando adivinar la identidad de Regina.
El hombre que Regina tenía sometido entrecerró los ojos y preguntó con desconfianza:
—¿Acaso eres la Serpiente?
—¿Serpiente de agua? —respondió Regina, confundida.
—¡¿No eres la Serpiente?! Entonces, ¿quién carajos eres tú? ¿Por qué te metes contra nosotros?
El tipo soltó una maldición, retorciéndose de dolor, pero sin poder resistirse.
—Mira, te advierto, nuestro general es alguien muy pesado. Si te metes con nosotros, te metes con él, y no te la vas a acabar. —Continuó, con la voz temblorosa por el dolor—. Te doy una oportunidad: si nos sueltas ahora, lo dejamos pasar y podrías trabajar para nosotros.
—Sí, sólo tienes que encargarte de ese grupo de allá, nada más.
—¡Maldito traidor! ¿Quieres que ella nos ataque a nosotros? —gritó alguien del grupo contrario, claramente furioso—. Oye, mujer, ese tipo es un traicionero, nada más te está usando. No creas que te va a ayudar, sólo te quiere meter en problemas para luego acabar contigo.
—¡No le creas! Si caes en su juego, vas a terminar muy mal.
Ambos bandos empezaron a discutir a gritos, lanzándose insultos y acusaciones de uno a otro.
Regina no les prestó atención. Ordenó a su gente que amarraran a todos y los dejaran tirados a un lado de la carretera.
Luego, sin perder más tiempo, se subió al carro con su equipo y arrancaron, alejándose del lugar.
No tenía intención de perder un solo minuto más con ellos; además, ya tenía una sospecha bastante clara de quién estaba detrás de esos dos grupos.

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