Capítulo 106 —¡Alexis! —exclamó Natalia, mirándolo con los ojos llenos de lágrimas, fingiendo sorpresa—.
¿Qué te dijo Vanessa? No puedo creer que desconfíes así de mí. Dice que me fui del país porque hice algo malo. Pero a ella se le olvida cuántas veces pelearon por mi culpa en ese entonces. Te juro que no quiero arruinar su relación. ¿Tampoco me vas a creer eso?
Las lágrimas le escurrieron por la cara. Lloraba como si se le acabara el mundo.
—Entonces, ¿de qué sirvió todo lo que sacrifiqué al irme estos tres años?
Al verla llorar así, Alexis se sintió acorralado.
—Ya, tranquila, no llores. Solo era una pregunta.
Entre sollozos, Natalia le reclamó:
—Si me preguntas, es porque dudas de mí. De seguro Vanessa canceló el compromiso solo para obligarme a irme del país otra vez. Pero ¿cómo puede inventar esas cosas sobre mí? ¿Si me voy, ella volverá contigo y se casarán? Si es así, agarro mis cosas y me voy mañana mismo.
Dicho esto, Natalia se levantó y fue a sacar su maleta.
Alexis sentía que la cabeza le iba a explotar.
Se dio un par de golpes en la frente por la frustración y fue detrás de ella hacia la habitación.
Natalia estaba en cuclillas frente a la maleta abierta, sin haber guardado una sola prenda todavía. Solo cuando escuchó los pasos de Alexis acercándose, empezó a sacar ropa del clóset para doblarla y meterla.
Alexis entró al cuarto, vio la escena y la detuvo.
—Nati, yo no dije que le creyera. Solo quería saber por qué te fuiste, eso es todo —le dijo Alexis. La agarró de las manos con tanta fuerza que le fue imposible soltarse.
Con los ojos empañados, Natalia siguió con su drama:
—Desconfías de mí. Ya sé que amas a Vanessa, pero a mí... a mí no me crees.
Al verla llorar tan desconsolada, a Alexis le dio mucha lástima. Le secó las lágrimas con cuidado y trató de calmarla.
—Ya, mi niña, no llores. Fue mi culpa, ¿sí? No es que dude de ti, pero Vanessa estaba tan aferrada a esa historia que tenía que preguntarte para estar seguro. Jamás imaginé que ella intentaría ponernos en contra a propósito.
Aunque de su boca salían esas palabras, por dentro pensaba otra cosa muy distinta.
Mientras comían, Bianca la miró impresionada.
—No cabe duda de que el matrimonio te está sentando de maravilla. Amiga, te ves espectacular, cada día te ves más segura.
Vanessa se rio y la miró con complicidad.
—Ya vas a empezar con tus ocurrencias. No me quiero ni imaginar a cuántos muchachitos habrás enamorado con esas palabritas.
Bianca no tardó en soltar una de sus ya conocidas y prácticas teorías sobre el amor:
—Mira, un hombre tiene que ser atractivo, tener dinero o aportarte algo positivo emocionalmente.
Si no cumple con ninguna de las tres, ¿para qué lo quieres en tu vida? El dinero lo gano yo, no necesito buscarme a un tipo al que le tenga que estar rindiendo cuentas. Por eso te digo, amiga, salir con chicos más jóvenes es la mejor inversión que puedes hacer.
Pura diversión, cero compromisos.
A Vanessa siempre le había gustado la forma tan directa que tenía Bianca de ver la vida, y en el fondo, sabía que su amiga no se equivocaba.

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