Capítulo 468
Parecía haberla cuidado toda la noche. Vanessa miró en silencio a Rafael por largo rato y, al recordar todo lo ocurrido en los últimos días, se le secó la garganta y sintió una punzada en el pecho. Había creído que ella no le importaba a él, que ignoraba sus sentimientos.
Pero resultaba que todo lo que hacía era por ella... A Vanessa se le partió el corazón. Desde el día anterior, el dolor la tenía al borde de la locura. Todo había sucedido de manera tan repentina que no tenía fuerzas para enfrentarlo.
Era insoportable.
Vanessa frunció el entrecejo y la cabeza volvió a dolerle mucho.
-Vanessa, ¿qué te pasa? ¿Todavía te sientes mal?
Quizá sus movimientos lo habían despertado, porque Rafael abrió los ojos y enseguida quiso ponerse de pie.
-Voy a llamar al médico.
Vanessa lo detuvo.
-No hace falta.
Levantó la mirada; en sus ojos surcados de venitas rojas se reflejó el rostro de él. A Rafael se le detuvo el corazón. Curvó apenas los labios y dijo con voz suave:
-Si te duele algo más, dímelo. No te lo aguantes sola.
-Quiero irme a casa.
Vanessa habló en un tono muy bajo, muy apagado, tan apagado que apenas se oía. Rafael se veía preocupado.
-Lo de ayer fue un poco peligroso. A lo mejor todavía no estás en condiciones de salir. ¿Por qué no nos quedamos un día más en observación?
Vanessa bajó la mirada y negó con firmeza.
-No, quiero irme a casa.
Rafael conocía demasiado bien su carácter. Tal vez a la Vanessa de los días en que acababa de romper con Alexis aún podía persuadirla, pero la de ahora era otra. Rafael asintió con ternura.
-Está bien.

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