Entrar Via

El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 467

Capítulo 467

Eso era lo que él temía, y por eso prefería cargar con su resentimiento antes que dejar que se enterara, pero al final, lo descubrió.

-Vanessa, no es así; la muerte de tu mamá no tuvo nada que ver contigo...

Rafael contuvo el dolor y trató de calmarla.

-En ese entonces eras muy pequeña; no te puedes culpar por eso. Fue un accidente, nadie quería que pasara.

Rafael la abrazó con fuerza, intentando hacerla entrar en razón. Pero Vanessa, en ese momento, no podía escuchar nada; se había hundido en una tristeza tan profunda que lloraba sin poder contenerse.

-¿Qué...? ¿Qué quieres que haga ahora? Mi mamá por mi culpa murió, y ahora hasta el abuelo terminó en el hospital por mi culpa, y tú hiciste tanto por mí... ¡Entonces yo... yo soy una desgracia para todos!

Vanessa, deshecha de dolor, le golpeaba el pecho con todas sus fuerzas. La aguja del suero se zafó y la sangre brotó. Pero ella ni siquiera sintió el

dolor. Al verlo, Rafael se apresuró a presionar la herida para detener el sangrado, con pena, pero sin poder decir una sola palabra.

Solo oía el llanto desgarrador de Vanessa.

Lloraba con tanta tristeza que partía el alma. Las lágrimas mojaron la camisa de Rafael a la altura del pecho. Parecía que, por más que llorara, nunca sería suficiente, y repetía sin parar la misma pregunta:

-¿Qué quieres que haga? ¿Qué se supone que haga...?

Vanessa estaba fuera de sí, como si quisiera llorar hasta quedarse sin lágrimas. Rafael, al escuchar ese llanto desgarrador, sentía que cada sollozo se le clavaba en el pecho. En ese momento, cualquier palabra de consuelo sonaba hueca y vacía.

Lo único que podía hacer era abrazarla con fuerza, destrozado de verla así; el sufrimiento de Vanessa lo atravesaba; le dolía tanto que apenas podía respirar.

Vanessa no lograba aceptar aquella verdad, lloró hasta casi desmayarse, y al final, agotada, se quedó dormida acurrucada en los brazos de Rafael. En el dorso de la mano donde llevaba el

suero todavía quedaban restos secos de sangre, e incluso las sábanas blancas se tiñeron de rojo en parte.

Rafael se quedó velándola junto a la cama, mirando su cara deshecha; aun dormida, mantenía el ceño fruncido y, de tanto en tanto, murmuraba:

-Mamá, perdóname... Perdóname...

Para confirmar la sospecha, había ido incluso a hablar con Alexis personalmente y, al final, obtuvo la confirmación.

-¡La voy a matar!

A Rafael se le contrajeron las pupilas y, del fondo de su mirada, brotaba una frialdad asesina.

-Fui más que paciente con ella; pero está jugando con fuego. Haz los preparativos; cuando esto termine, que los Zárate vengan por ella y la pongan en su lugar.

-Sí, señor Cisneros. Y respecto a Alexis... - preguntó Ricardo, indeciso.

-Cuando la señora despierte, decidiremos.

El aura de Rafael era opresiva, y su mirada transmitía una frialdad implacable. Vanessa durmió muchísimo tiempo; no despertó hasta la mañana siguiente. En el instante en que abrió los ojos, una punzada aguda le atravesó el pecho.

Se movió un poco y entonces descubrió que Rafael estaba recostado al borde de la cama.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)