Capítulo 113 En cuestiones de amor, tres son multitud. Además, lo que sentía por él no era necesariamente amor.
Con eso en mente, Vanessa decidió ser directa.
—Vi a Alexis esta noche.
A Rafael se le detuvo el corazón. Arrugó la frente y apretó el celular con fuerza.
—¿Te fue a buscar?
—No sé —respondió Vanessa—. Me dijo que vino por un viaje de negocios. Quería preguntarte si era cierto.
Al escucharla, la expresión tensa de Rafael se relajó un poco. Con tal de que no se hubieran puesto de acuerdo para verse, todo estaba bien.
No importaba si Vanessa aún no lo amaba, o incluso si seguía sintiendo algo por Alexis. Él podía esperar.
Lo que no iba a permitir era que se viera a solas con Alexis a sus espaldas.
—Voy a investigar —dijo Rafael con voz ronca.
Vanessa notó que algo estaba mal con su voz y, por pura preocupación, le preguntó:
—¿Qué tienes en la garganta? ¿Te sientes mal?
Hubo silencio durante unos segundos al otro lado de la línea.
—No es nada —respondió él.
—Ah, bueno —dijo Vanessa—. Entonces te dejo.
Al escuchar que estaba a punto de colgar, Rafael se apresuró a llamarla.
—Vanessa.
Detuvo el celular a medio camino y se lo volvió a acercar a la oreja.
—¿Qué pasó?
Rafael dudó un instante.
—¿Sabes qué es lo más importante en un matrimonio?
Vanessa se quedó sorprendida.
—¿Qué cosa?
—Estar el uno para el otro —respondió Rafael con un tono suave.
Después de tomarse la foto grupal del equipo, se escuchó un alboroto a lo lejos. Un auto negro de lujo se detuvo frente a ellos, seguido por un camión de comida.
A Vanessa no le interesaba saber quién era. El sol pegaba fuerte, hacía un calor insoportable y solo quería buscar un lugar con sombra.
—¡Vanessa, mira! ¡Es Alexis! —exclamó Itzel, tomándola del brazo y sacudiéndola por la emoción.
Ella ya estaba fastidiada por el calor, y con tanto movimiento sintió que se mareaba. Volteó y vio a Alexis hablando con el director Quiroz. No tenía idea de qué le estaba diciendo, pero de pronto, todas las miradas se clavaron en ella.
Ser el centro de atención de esa manera le revolvió el estómago.
Itzel bajó la voz, todavía emocionada.
—Vanessa, ¿qué crees que esté haciendo Alexis en nuestra producción? No me digas que vino a buscarme...
Itzel no le quitaba los ojos de encima, fascinada.
De pronto, Alexis caminó hacia ellas con las manos en los bolsillos. Itzel empezó a temblar de los nervios; tenía la mirada iluminada.
—Alexis, usted...
Itzel intentó hablarle en cuanto lo tuvo enfrente, pero él la interrumpió sin rodeos:
—Muévete, por favor.

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