Capítulo 115 Alexis observó cómo ella se alejaba. Apretó las manos con tanta fuerza que se le marcaron las venas.
—No vi mal, ¿verdad? ¿La guionista en serio le acaba de pegar a Alexis?
—... Sí, no viste mal.
—Qué locura, ¿en serio no le gusta? Con lo rico y atractivo que es.
Todos murmuraban entre ellos mientras comían el refrigerio al que Alexis los había invitado. Estaban boquiabiertos.
Hacía apenas unos minutos, él les había pedido que cuidaran mucho de Vanessa de ahí en adelante.
Hasta habían empezado a especular si pensaba invitarla a salir.
Pero, viendo cómo estaban las cosas, casi sentían que debían devolverle la comida.
Itzel era la más sorprendida de todos.
Ahora estaba segurísima de que pasaba algo entre ellos dos.
Si no fuera así, con el nivel que tenía Alexis, ¿qué mujer se atrevería a ponerle una mano encima?
El ánimo de Itzel decayó. Maldita sea, ya no tenía ninguna oportunidad con él.
*** Vanessa fue al baño a lavarse la cara.
De pronto, le llegó un mensaje de Rafael:
"¿Todo en orden? ¿Me extrañas?" Vanessa contuvo la respiración un segundo.
Ignoró la segunda pregunta. Al recordar lo que acababa de pasar, tecleó rápido su respuesta:
"Más o menos".
Ese "más o menos" era ambiguo; no aclaraba si hablaba del trabajo o de si lo extrañaba.
Al leer la respuesta, Rafael sonrió. El mal humor que traía casi se esfumó.
"Haré de cuenta que es porque me extrañas.
Cuéntame, ¿pasó algo malo?" Vanessa se quedó pensativa. Lo que sentía por Rafael era bastante complicado.
Dejando de lado si le gustaba o no, por la pura relación histórica entre los Cisneros y los León, él siempre había sido como un hermano mayor para ella.
Aunque en el pasado él siempre se había mostrado muy indiferente, nunca le faltó un regalo en su cumpleaños, y en las cenas familiares siempre se aseguraba de servirle comida en su plato.
Cuando era más chica e ingenua, su carácter explosivo la metía en problemas con otros niños de su edad. Él siempre la sacaba de apuros, le daba unas palmaditas en la cabeza y le decía que había hecho un excelente trabajo.
Ahora que estaban casados, Rafael era un esposo muy responsable. La trataba con mucha ternura y siempre estaba al pendiente de ella. Era una pareja ejemplar en toda regla.
Pero, aun así, ella sentía que había una barrera invisible entre los dos.
El sujeto se molestó muchísimo y le levantó la voz.
—Nadie normal habla tanto tiempo seguido. ¿Te cuesta mucho trabajo resumirlo? Además, me corta toda la inspiración para actuar.
Vanessa no se dejó intimidar y le respondió con firmeza.
—Ya hablé de esto con el director. El texto se queda así. Si le quito palabras, la escena pierde todo el sentido. Si crees que memorizar te quita la inspiración, igual y el problema es tu falta de profesionalismo, ¿no?
—i¿Qué dijiste?!
El actor explotó de coraje.
—¡No te tengo miedo, aunque te estés metiendo con Alexis! Ya se me hacía raro que una guionista de quinta tuviera a todo este equipazo a su disposición. Ahora resulta que es por puras palancas. ¡Eres una descarada!
Furioso, el individuo escupió al suelo, a los pies de Vanessa.
La expresión de ella se volvió indiferente.
—Si un simple diálogo te pone así de malcriado e irrespetuoso —le advirtió ella—, créeme que ni teniendo las mejores palancas vas a llegar lejos en esta carrera.
Itzel corrió a defenderla. Se puso frente a Vanessa para protegerla.
—Te estás pasando —le reclamó al actor—. Es solo un diálogo, apréndetelo y ya. ¡No tienes por qué faltarle al respeto a nadie!

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