El guardaespaldas reaccionó a tiempo y apartó a Alexis.
—¡Estás loco! Aunque no estuviera casada con Rafael, ya no habría ninguna posibilidad entre nosotros.
Vanessa habló con una firmeza implacable que acabó con la última esperanza de Alexis. Desesperado, cayó de rodillas y alzó la mirada hacia ella.
—Nosotros estuvimos juntos primero. ¿Por qué ahora lo eliges a él y no a mí?
—Tú sabes por qué estuve contigo. Alexis, tarde o temprano tendrás que devolver lo que robaste. Si no te hubieras hecho pasar por quien me salvó, jamás habría pasado nada entre nosotros.
Vanessa lo enfrentó con dureza e ira. Había desperdiciado cinco años por su culpa y soportado cinco años de manipulación psicológica. Incluso su padre murió por todo aquello.
¡Y aún no le había cobrado esa deuda como se debía!
Alexis se quedó rígido.
—Entonces, ¿ya te enteraste de todo?
No, era imposible.
Ya le había dicho que quien la salvó entonces fue Emilio. Aunque no le creyera, era imposible que siguiera investigando.
¿Rafael se lo había contado?
Pero él no mencionó el asunto en todos esos años. Quizá ya lo había olvidado. Vanessa entrecerró los ojos, desconfiada.
—¿Enterarme de qué? Alexis, ¿qué más me ocultaste?
Alexis agitó la cabeza, seguro de que ella aún no sabía la verdad. Mientras no se enterara, todavía le quedaba una esperanza. De lo contrario, lo perdería todo.
Ya había perdido su lugar como segundo heredero de la familia Cisneros. No podía perder también a Vanessa para siempre.
—Sé que estuvo mal mentirte entonces. Perdóname. Ven conmigo. Te juro que de ahora en adelante te amaré de verdad...

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