Vanessa se terminó un tazón de crema de almeja y se preguntaba por qué Rafael tardaba tanto. En ese momento, vio a Rafael salir de la sala a toda prisa y acercarse a ella.
—Hay un problema que debo resolver. Haré que los guardaespaldas te lleven a casa.
Al ver su expresión severa, Vanessa supuso que se trataba de algo serio y le advirtió, preocupada:
—Está bien, ve. Ten mucho cuidado.
—Así lo haré.
Rafael le acarició la cara con ternura y se dio media vuelta. Antes de irse a toda prisa, ordenó a los guardaespaldas que esperaban afuera que la llevaran a casa.
Al verlo irse tan alterado y con tanta prisa, Vanessa le envió un mensaje a Ricardo para pedirle que lo protegiera a toda costa.
Cuando Ricardo leyó el mensaje, se alegró por Rafael. El señor Cisneros había sufrido mucho; por fortuna, la señora llegó a su vida y le dio el cariño que necesitaba. Quizá lo consideraba una persona sin sentimientos, pero era todo lo contrario.
Rafael necesitaba amor más que nadie y valoraba mucho el afecto. Vanessa regresó al Residencial Los Álamos. Los guardaespaldas la acompañaron hasta la entrada. Vanessa estaba a punto de entrar al edificio. Entonces escuchó a sus espaldas a Alexis:
—Vanessa...
Ella se detuvo y se dio la vuelta despacio. Alexis se acercó tambaleándose, pálido y desencajado, como un muerto viviente.
¿Cómo había terminado en ese estado?
Vanessa no pudo ocultar su desconcierto.
—¿Qué haces aquí?
Aun así, su tono conservó la misma dureza. Su indiferencia hirió a Alexis, quien se agarró el cabello con desesperación.
—¿Por qué? ¿Por qué me tratas así cuando vengo a buscarte?
La expresión de Vanessa se tensó. Los guardaespaldas lo vigilaron con atención y se interpusieron para impedir que se acercara más a Vanessa. Alexis tenía los ojos enrojecidos y parecía muy alterado.

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