Capítulo 123 —Borraron la versión corregida del guion, pero estoy segura de que la guardé... —Vanessa no terminó la frase y paseó una mirada penetrante a su alrededor.
Se dio cuenta de que alguien le había movido la computadora.
—Últimamente hemos avanzado muy lento con la filmación y hoy tenemos que terminar estas escenas —dijo el director Quiroz, apurado—.
¿Crees que puedas volver a corregirlo ahorita?
—Yo...
Vanessa apenas iba a hablar cuando alguien se quejó:
—Aunque la guionista logre arreglarlo ahorita, de todos modos va a retrasar nuestra filmación y nos va a quitar tiempo de descanso a los actores.
—Tiene razón. No es confiable.
—Sí, director. Habíamos quedado en que terminábamos antes de las nueve para poder descansar. ¿Nos vamos a tener que desvelar otra vez grabando?
Cada palabra de esa gente dejaba clara su molestia hacia Vanessa.
Al ver que los ánimos se calentaban, el director puso cara de apuro.
—Ya no le digan nada —la defendió Itzel—.
Vanessa no lo hizo a propósito, ella también la está pasando mal por perder su archivo.
Se acercó a Vanessa con cara de preocupación.
—Vane, ¿cómo se te perdió el documento así de la nada?
—No sé —respondió ella, arrugando la frente mientras negaba con la cabeza.
Sospechaba que alguien lo había borrado, pero no tenía pruebas.
Lo más urgente era recuperar ese archivo.
—¿Y ahora qué hacemos? —Itzel le tomó la mano, angustiada—. Mejor ponte a trabajar en las correcciones de una vez. Ni modo, nos desvelaremos grabando. El director ya dio la orden, si los demás hacen berrinche, ni modo.
—Puedo recuperarlo.
—¿En serio?
—Si, te lo aseguro.
Vanessa soltó la mano de su amiga y se dirigió al director Quiroz.
—Director, deme dos minutos, por favor.
Pero ¿entonces por qué...?
¿Por qué había elegido ser una simple guionista?
Al ver que Vanessa había solucionado el problema, los demás se quedaron mudos y se dispersaron, al darse cuenta de que ya no tenían nada que criticar.
—¡Ay, Vanessa, eres asombrosa! —Itzel estaba emocionadísima y la miraba con admiración—.
Siento que desperdicias tu talento siendo guionista.
La mirada de Vanessa perdió brillo por un instante.
Sonrió con suavidad.
—Ya, no seas exagerada. Mejor ve a prepararte para grabar.
Si no hubiera sido una emergencia, habría preferido volver a escribir los cambios antes que exhibir sus habilidades.
Después de que Itzel se retiró, Vanessa revisó la hora y empezó a guardar sus cosas para irse.
Ahí cerca, la elegante y apuesta figura de Rafael se encontraba de pie bajo el techo del pasillo. No dejaba de observarla. Al recordar la seguridad y la destreza con las que ella acababa de manejar la computadora, sonrió de alivio.
¿Por fin había logrado superar lo que pasó?

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