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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 157

Capítulo 157 Esas palabras dejaron a todos conmocionados.

Solo Rafael y Vanessa mantuvieron una actitud indiferente.

En especial Vanessa, quien la miraba fijamente con una sonrisa burlona.

Ser expulsada de la familia Cisneros era un castigo bastante ligero.

Pero para Natalia, fue como si el cielo se le viniera encima; sintió que el mundo le daba vueltas y por poco cayó al piso.

—No, abuelo, no puedes hacerme esto...

Volvió en sí y jaló el brazo de Antonio para suplicarle.

Sin embargo, a Antonio nunca le había agradado, y mucho menos después de lo que acababa de pasar.

Le apartó la mano sin piedad y le dio la espalda para no volver a mirarla.

Al no tener otra opción, Natalia recurrió a Alexis.

Sin embargo, la cara de él solo reflejaba decepción, y esa mirada la llenó de pánico. Desesperada, le rogó a Édgar, pero el resultado fue exactamente el mismo.

—Abuelo, no me corras, esta es mi casa. Si me voy de la familia Cisneros, en serio me quedaré sin hogar —suplicó Natalia, arrodillándose al ver que ya no tenía más alternativas.

—Mamá, ¿te acuerdas de cuando me trajiste a casa a los nueve años y me dijiste que siempre me querrías, que me amarías y me cuidarías más que mi propia madre? —preguntó, aferrándose a la mano de Yolanda mientras lloraba a mares.

Sollozaba sin control, y su aspecto tan lamentable despertaba compasión.

Yolanda la consideraba como a su propia hija, por lo que se conmovió. Quiso interceder por ella, pero fue interrumpida por la voz implacable de Rafael:

—Las pruebas son claras. ¿Planea seguir solapándola, madre?

Su tono indiferente llevaba incluso un toque de sarcasmo.

La mano de Yolanda, que estaba a punto de ayudarla a levantarse, se quedó en el aire. Acto seguido, la apartó.

—En esta casa quien manda es el abuelo. Además, después de lo que hiciste, no hay forma de que pueda defenderte.

La sala se sumió en un breve silencio.

—¡Mira nada más lo que hiciste! —Édgar arrugó la frente con fuerza y miró a Yolanda con desagrado para reclamarle—. Dejaste que Natalia te viera la cara. En serio no puedo creer que se haya atrevido a hacer algo tan descarado.

—¿Cómo iba a saber que ella todavía sentía eso por Alexis...? —respondió Yolanda con incomodidad, pues le temía un poco a Édgar cuando se ponía tan furioso.

—¡Y tú! ¿Cómo es posible que te hayan drogado y no te dieras cuenta? ¡Dejaste que te engañaran todos estos años!

Édgar estaba enfurecido, así que había volteado a ver a Alexis para seguir lanzando reproches.

A Yolanda le dolió verlo así, pero como también se sentía culpable, tuvo que aguantarse y quedarse callada, llena de coraje e impotencia.

Alexis tardó un buen rato en asimilar que lo habían drogado. Sin importarle la presencia de Rafael, se acercó a Vanessa con pasos decididos.

—¿Por qué? ¿Por qué lo sabías desde el principio y nunca me dijiste nada? —preguntó Alexis, con los labios temblorosos y consumido por el arrepentimiento.

Resultaba que, durante esos tres años, la había juzgado mal.

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