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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 162

Capítulo 162 —Mhm, ya que mi pequeña Vanessa lo pide, como tu esposo, no te voy a decepcionar. —Rafael sonrió, mirándola con intensidad.

—Rafael, qué inmaduro eres.

Vanessa volvió a reírse.

Estar a su lado hacía que su estado de ánimo mejorara poco a poco. Incluso la hacía sentirse verdaderamente valorada. Era algo que jamás había experimentado junto a Alexis, quien siempre se la pasaba menospreciándola y negando sus capacidades.

Una calidez inesperada se extendió por su pecho al verlo mirarla así. Vanessa también se fijó en Rafael, y sonrió con sinceridad, iluminando su expresión.

Esa noche, en el estudio, Vanessa recordó lo que tenía pendiente. Tomó el celular del escritorio e ingresó a su cuenta alternativa.

Como era costumbre, encontró un par de mensajes sin leer. Les dio un vistazo rápido y se detuvo en el último que le había enviado el señor Palma:

"A principios del próximo mes iré a Cartaluz.

¿Tendrás tiempo para que nos veamos?" Vanessa no lo pensó dos veces y le respondió.

"Te espero".

Enseguida, él le mandó otra respuesta, casi en tono de alivio.

"Qué milagro. Por fin te dignas a contestarme y aceptas verme".

Vanessa bajó la mirada, pensativa, y cerró la aplicación.

*** Al día siguiente, Itzel la invitó a comer. Quería ponerla al tanto del registro de la miniserie y confirmarle la fecha exacta del estreno.

—Vanessa, ya llevo varios días de vuelta. Te invité a salir muchísimas veces y nada, hasta llegué a pensar que ya no querías verme. —Itzel hizo un puchero de tristeza.

—Te estás imaginando cosas —respondió Vanessa con una sonrisa—. Es que estos últimos días he estado bastante ocupada.

Ocupada desenmascarando a cierta hipócrita, para ser exactos.

Por supuesto, Itzel no tenía forma de enterarse de los dramas de la alta sociedad; de lo contrario, ya la estaría acribillando a preguntas.

Ambas fueron a almorzar a un restaurante bastante concurrido en el centro.

Apenas terminaron de ordenar, Itzel recibió una llamada. Como había mucho ruido en el lugar, se levantó para ir a contestar al baño. En cuanto se alejó, el celular de Vanessa también empezó a sonar.

Al contestar, la voz de Yolanda sonó inusualmente amable.

—Vanessa, ¿tienes tiempo libre? Hice un buen caldo de res en la casa, ideal para que recuperes fuerzas y color. ¿Por qué no vienes a comer un poco?

Tanta amabilidad no presagiaba nada bueno.

—¿Ya terminaste de hablar? —preguntó Alexis, ensombreciendo su expresión. Sonaba enojado.

—¿Qué pasa? ¿Ahora vas a salir en su defensa? — cuestionó Yolanda, alterándose aún más—. No olvides que fue ella quien canceló su compromiso contigo. Y es muy probable que ya se haya metido con Rafael. ¡Estamos hablando de tu hermano! Si en serio se atrevió a hacer algo así, es solo para provocarte y amargarte la vida.

Entre más lo pensaba, más le hervía la sangre.

—Para colmo, es obvio que arrastra una maldición que terminó con la vida de sus padres —escupió con malicia—. Y en un par de años, cuando el viejo Roberto muera, se va a quedar sola en el mundo a su corta edad.

—¡Ya basta! —gritó Alexis—. No seas tan cruel con ella.

La miró con severidad y añadió con confianza:

—Incluso si en serio está saliendo con Rafael, jes imposible que me deje de amar tan rápido! Además, ella sigue teniéndome presente porque sabe que yo le salvé la vida.

—¿Ah, en serio fuiste tú quien le salvó la vida? — Yolanda adoptó una actitud muy seria y le lanzó una dura advertencia—: No olvides lo que hiciste hace diez años. Si ella termina quedándose con Rafael, me temo que ya no vas a poder seguir ocultando tu secreto.

Al escuchar eso, Alexis palideció. Se le detuvo el corazón y abrió los ojos de par en par, invadido por el pánico.

¡No!

No podía permitir que Vanessa descubriera la verdad de lo que había ocurrido diez años atrás.

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